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Micotoxinas al acecho
La prevención es la mejor solución para los problemas que ellas
pueden generar en la alimentación de sus animales. Esto supone
aplicar prácticas adecuadas cuando se almacenan y distribuyen
forrajes y/o granos.
No cabe duda de que pocas cosas tienen la importancia que reviste
la calidad del alimento que consumen sus animales. Cualquier
cuidado en este sentido parece poco, ya que se trata de cuestiones
que impactan en los resultados presentes y futuros de la
explotación.
Las micotoxinas son compuestos tóxicos, tanto para los animales
como para el hombre, producidos por hongos. El desarrollo de estos
hongos está condicionado por factores ambientales como la humedad,
la temperatura (de 10 a 40° C), la acidez-alcalinidad (pH de 4 a
8) y la presencia de oxígeno.
Los problemas de toxinas en los forrajes se pueden generar en el
campo (por exceso de humedad), en el almacenamiento o como
consecuencia de las prácticas de distribución.
El clima prevaleciente en la presente campaña durante el ciclo
evolutivo del maíz ha obligado, en algunos casos, a ensilar un
material más seco que lo deseable (30/35% MS), con la consiguiente
dificultad en la compactación y, por lo tanto, se encontró mayor
presencia de oxígeno en la masa del forraje ensilado, situación
que en gran medida favorece la presencia de estos hongos.
Por otra parte, la práctica cada vez más difundida de almacenar
grano en bolsas puede favorecer la proliferación de hongos, cuando
no se respetan las reglas básicas para obtener un buen ensilado.
Unos y otros
Básicamente hay 3 géneros de hongos que producen las toxinas más
conocidas y de mayor importancia en el terreno de la alimentación
animal.
El efecto tóxico de las micotoxinas suele aparecer, en general,
asociado con una fuerte depresión o pérdida de inmunidad. Ello
genera predisposición a contraer infecciones, razón por la cual
muchas micotoxicosis (intoxicaciones por micotoxinas) no presentan
sintomatología específica. A algunas de ellas se las relaciona con
pérdida de apetito, diarreas, problemas hepáticos, reducciones en
la producción y problemas reproductivos.
En la mayoría de los casos, estas asociaciones se han establecido
porque se encontraron niveles de toxina en los alimentos cuando se
daban las manifestaciones clínicas antes mencionadas. Sin embargo,
sólo en algunos casos fue posible comprobar qué ocurría cuando se
suprimía el alimento que había originado el problema.
Es difícil establecer el umbral de toxicidad de las diferentes
micotoxinas en rumiantes. De ahí que la información disponible sea
escasa e imprecisa. La dificultad surge porque las toxinas que se
agregan al alimento en forma experimental no tienen idéntico
efecto que la misma concentración de toxinas producidas
espontáneamente.
Se sabe que existen interacciones entre toxinas que potencian sus
efectos (por ejemplo, ochratoxina - citrinina y zearalenona -
DON), pero en esta área el conocimiento es muy limitado. Además,
existe degradación ruminal, y el nivel de ésta tiene un rango muy
amplio ya que está condicionada por el tipo de dieta que el animal
consume.
Por otra parte, la revisión de los trabajos sobre la materia no ha
permitido obtener información acerca del tiempo durante el cual se
debe ingerir cierto nivel de toxina para que aparezcan signos de
intoxicación.
En consecuencia, la limitada información disponible sugiere que,
en la práctica, es importante concentrarse en el control y manejo
de aquellas toxinas cuyos efectos nocivos en rumiantes han sido
comprobados.
Las concentraciones mínimas en el alimento que se han asociado con
algún efecto tóxico se informan en el cuadro pertinente, el cual
ayuda a la interpretación de los análisis de toxinas en el
alimento o en sus diferentes ingredientes.
Poniendo límites
Para controlar los efectos de las toxinas, se han desarrollado
sustancias secuestrantes de toxinas. Según su naturaleza, actúan
por adsorción o por combinación y desnaturalización de las
toxinas.
La efectividad de un secuestrante está dada por su capacidad de
ligarse con la toxina del alimento y no degradarse a lo largo del
tracto digestivo. De esta forma, el secuestrante y la toxina
“secuestrada” se eliminan por las heces.
La efectividad de estos secuestrantes no es la misma para todas
las toxinas. De hecho, la mayor es la que desarrollan sobre las
aflatoxinas.
Agritotal
(Argentina)
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