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               Dolores, 24 de octubre de 2006

                             

 
 Artículo Técnico  
 

Micotoxinas al acecho

La prevención es la mejor solución para los problemas que ellas pueden generar en la alimentación de sus animales. Esto supone aplicar prácticas adecuadas cuando se almacenan y distribuyen forrajes y/o granos.

No cabe duda de que pocas cosas tienen la importancia que reviste la calidad del alimento que consumen sus animales. Cualquier cuidado en este sentido parece poco, ya que se trata de cuestiones que impactan en los resultados presentes y futuros de la explotación.

Las micotoxinas son compuestos tóxicos, tanto para los animales como para el hombre, producidos por hongos. El desarrollo de estos hongos está condicionado por factores ambientales como la humedad, la temperatura (de 10 a 40° C), la acidez-alcalinidad (pH de 4 a 8) y la presencia de oxígeno.

Los problemas de toxinas en los forrajes se pueden generar en el campo (por exceso de humedad), en el almacenamiento o como consecuencia de las prácticas de distribución.

El clima prevaleciente en la presente campaña durante el ciclo evolutivo del maíz ha obligado, en algunos casos, a ensilar un material más seco que lo deseable (30/35% MS), con la consiguiente dificultad en la compactación y, por lo tanto, se encontró mayor presencia de oxígeno en la masa del forraje ensilado, situación que en gran medida favorece la presencia de estos hongos.

Por otra parte, la práctica cada vez más difundida de almacenar grano en bolsas puede favorecer la proliferación de hongos, cuando no se respetan las reglas básicas para obtener un buen ensilado.

Unos y otros

Básicamente hay 3 géneros de hongos que producen las toxinas más conocidas y de mayor importancia en el terreno de la alimentación animal.

El efecto tóxico de las micotoxinas suele aparecer, en general, asociado con una fuerte depresión o pérdida de inmunidad. Ello genera predisposición a contraer infecciones, razón por la cual muchas micotoxicosis (intoxicaciones por micotoxinas) no presentan sintomatología específica. A algunas de ellas se las relaciona con pérdida de apetito, diarreas, problemas hepáticos, reducciones en la producción y problemas reproductivos.

En la mayoría de los casos, estas asociaciones se han establecido porque se encontraron niveles de toxina en los alimentos cuando se daban las manifestaciones clínicas antes mencionadas. Sin embargo, sólo en algunos casos fue posible comprobar qué ocurría cuando se suprimía el alimento que había originado el problema.

Es difícil establecer el umbral de toxicidad de las diferentes micotoxinas en rumiantes. De ahí que la información disponible sea escasa e imprecisa. La dificultad surge porque las toxinas que se agregan al alimento en forma experimental no tienen idéntico efecto que la misma concentración de toxinas producidas espontáneamente.

Se sabe que existen interacciones entre toxinas que potencian sus efectos (por ejemplo, ochratoxina - citrinina y zearalenona - DON), pero en esta área el conocimiento es muy limitado. Además, existe degradación ruminal, y el nivel de ésta tiene un rango muy amplio ya que está condicionada por el tipo de dieta que el animal consume.

Por otra parte, la revisión de los trabajos sobre la materia no ha permitido obtener información acerca del tiempo durante el cual se debe ingerir cierto nivel de toxina para que aparezcan signos de intoxicación.

En consecuencia, la limitada información disponible sugiere que, en la práctica, es importante concentrarse en el control y manejo de aquellas toxinas cuyos efectos nocivos en rumiantes han sido comprobados.

Las concentraciones mínimas en el alimento que se han asociado con algún efecto tóxico se informan en el cuadro pertinente, el cual ayuda a la interpretación de los análisis de toxinas en el alimento o en sus diferentes ingredientes.

Poniendo límites

Para controlar los efectos de las toxinas, se han desarrollado sustancias secuestrantes de toxinas. Según su naturaleza, actúan por adsorción o por combinación y desnaturalización de las toxinas.

La efectividad de un secuestrante está dada por su capacidad de ligarse con la toxina del alimento y no degradarse a lo largo del tracto digestivo. De esta forma, el secuestrante y la toxina “secuestrada” se eliminan por las heces.

La efectividad de estos secuestrantes no es la misma para todas las toxinas. De hecho, la mayor es la que desarrollan sobre las aflatoxinas.

 

Agritotal (Argentina)

 



 

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