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Dr.
Dalmiro
Pérez
La
medicina es un apostolado y nadie como el Dr. Dalmiro Pérez pudo enmarcar mejor
el título de "Apóstol de la Medicina".
Sin importarle la hora, ni el día,
así sea en un ranchito, como en una céntrica casa, hemos visto llegar al Dr.
Pérez, sencillo, infatigable y tesonero, para mitigar el dolor del enfermo con
el ejercicio de su sapiencia y con la palabra bienhechora de consuelo.
Su sola presencia era vivo aliento en
el enfermo, era esperanza y seguridad. Llegó a nuestra ciudad un día de
abril de 1952, silenciosamente, precedido por un historial donde se destacó por
su dedicación entusiasta al estudio y a la investigación.
El Dr. Dalmiro Pérez se graduó en la
Facultad de Medicina de Montevideo en el año 1943.
Inicia el cumplimiento de su
profesión, desempeñándose como Médico de Salud Pública en el Hospital Pasteur y
en el Servicio de Asistencia Externa. Se hizo acreedor del beneficio de
una beca en Canadá y estuvo allí un año trabajando con el Prof. Selye en la
ciudad de Montreal.
Sus estudios versaron sobre
Endocrinología. A su regreso, dio concurso para la Jefatura de la Clínica
Endocrinológica en el Hospital Pasteur en el cual triunfó y por ello se
desempeña durante varios años como Jefe de Clínica en el Instituto de
Endocrinología.
Habiéndose perfeccionado en el
estudio de las enfermedades de la piel con el Prof. May, se presentó en un
Concurso de Salud Pública en el cual obtuvo el puesto.
A través de los años, el Dr. Pérez
intensificó sus estudios en cardiología, animado por un profundo amor a su
carrera y un ejemplar afán de superación. En el Centro de Salud Pública de
Dolores se desempeñó como Médico de Higiene y realizó tareas en forma voluntaria
en el Servicio de Pro Cardias y en la Policlínica de Mujeres. A su vez se
destaca en la Asistencia domiciliaria.
Humano, sencillo y dinámico en las
siestas abrasadoras del verano o en las más inhóspitas noches del crudo
invierno, hemos visto atravesar nuestras calles al Dr. Pérez, conduciendo su
Volkswagen verde, al llamado imperioso del dolor humano.
Formó su hogar con la Dra. Diana
Acle, quien luego de cesar la práctica de la medicina, continúa desarrollando
una activa y destacada acción social en defensa de la salud física y mental de
la población doloreña.
La vida de nuestro "Doctor" es un
ejemplo de nobleza, de sacrificio personal y de absoluto desinterés material.
Dolores contó con el Dr. Dalmiro Pérez como uno de sus más estimados hijos, que
honraron con su presencia, con su trabajo y su maravillosa caridad humana a
nuestra población.
Falleció el 24 de mayo de 2004, a la
edad de 90 años.
Así lo describía Marta Torres de Barlocco
"...Puedes estar seguro Doctor Dalmiro Pérez
que Dolores te cuenta como hijo predilecto.
En cada corazón que late y se emociona
hay un GRACIAS muy hondo de todo doloreño.
Pero por sobre todo, Dolores hoy le canta
al Hombre que tú llevas en el medio del pecho,
al Hombre que te anima, de límpidas pupilas,
que mira en cada enfermo, a un hermano en aprietos.
Podrán pasar mil años, cambiarse muchas cosas,
transformarse costumbres en este hermoso Pueblo.
Mas tu vida fecunda será reconocida
por los hijos que alegres, poblarán este suelo.
Será fácil y hermoso discernir con los jóvenes
el gran significado de la palabra MEDICO,
sinónimo de APOSTOL, de rectitud y entrega,
-¡sinónimo de VIDA!- a través de los tiempos..."
Dr. Adalberto
Schuster
Médico y filántropo, llegó de la Europa central y se
afincó en Dolores en las últimas décadas del primer siglo de su fundación,
acompañando el florecimiento de nuestra sociedad y siendo uno de sus símbolos,
cuando en 1901 la villa echó a vuelo sus campanas para celebrar las fiestas de
su primer centenario. Se afincó con su esposa en esta tierra joven y volcó su
ciencia y su amor, como dijo una vieja crónica "derramándolos en nuestros
abuelos, padres y niños de ayer, que gozan de su paciencia, de su servicio y de
su ternura".
Dolores lo cuenta entre sus hijos adoptivos, tan querido y
dilecto como aquéllos que nacidos en su solar, modelaron desde distintos
ángulos de actividad de esta ciudad. Se reconoce y venera la memoria de este
médico precursor y de otros que vinieron a honrarla, como los Dres. Bardier,
Dalmiro Pérez, Eduardo P. Bottinelli y Rico Puppo, y por eso una de nuestras
principales calles lleva su nombre.
Una descripción
de años atrás nos define al Dr. Adalberto Schuster así:
"Ojos claros de
niño, que se asoman curiosos y asombrados tras los gruesos cristales de unos
lentes ovales. Venerable cabellera entrecana, larga y enmarañada.
Luenga barba de abuelo. Bonhomía de patriarca en el gesto. Modestia
sin empaques, de verdadero sabio, orlada con los atributos de la pobreza que
honran como un hidalgo blasón de dignidad humana.
Gacha la noble
cabeza; encorvado el torso, el pesado bastón, colgado al brazo, que se balancea
al ritmo de su paso nervioso y menudo, el sombrero de amplias alas bajo las que
e cobija su sonrisas cordial de hombre bueno, humeante el grueso cigarro de
hoja, suspenso de los labios, que va trazando en su camino una voluta azul, el
bullicio de los niños que esperan ansiosos en la ruta del santo, una siembra
multicolor de caramelos que sus manos suaves, tiernas y palpitantes como
corazones van arrojando al ávido surco de la voracidad infantil, complementan la
silueta de un apóstol: la silueta del doctor Adalberto Schuster.
Él vino a Dolores, hace muchos años,
de tierras remotas.
Quedaron allá
lejos las ondas del histórico río que mecieron su infancia. Junto a la
Viena romántica del siglo pasado, donde los compases de Strauss acunaban
ensueños y se vivía despreocupadamente el fausto deslumbrante de una
nobleza ávida de placeres y romances.
Llegó un día a
Dolores, silenciosamente.
No hizo alarde
de rumboso título ganado a ley de estudio en facultades famosas, en las que la
investigación abnegada de los genios y las sabias enseñanzas de sus profesores,
erigieron para el mundo la catedral de la ciencia.
Traía como
único bagaje un corazón inmenso, colmado de bondad, ansias irrefrenables de
realizar el bien, sapiencia medular para derramarla sobre el dolor moral y
físico que agobia a los hombres, un profundo sentimiento de luchar con la muerte
para rescatar la vida.
Y así
calladamente, silenciosamente, con la mirada tendida hacia el horizonte que se
recortaba difuso en la lejanía, se le veía en su humilde charret recorrer las
solitarias calles de la ciudad. Ya en noches luminosas, aromadas de
flores, ya desafiando la inclemencia del frío y de la lluvia bajo la sombría
amenaza de un cielo insondable, tachonado de nubes, a través de los que, con
frecuente intermitencia, se filtraban las ígneas lenguas que hablan el idioma
colérico de los elementos, mientras el viento, rotas sus cadenas, rugía con voz
imponente su libertad.
Con abnegada
decisión, bajo el débil resguardo de su negro paraguas, marchaba, sereno el
espíritu, alerta el corazón, a cumplir un rito impostergable de su religión de
honda raíz humana.
Iba en busca
del dolor para aliviarlo con sus recursos de sabio y sus tiernos consejos de
abuelo, iba al encuentro de mal para aplastarlo, con su implacable determinación
de apóstol de la ciencia.
El sólo
contacto de sus manos, manos de arcángel que tenían el don de acariciar con
ternura infinita, poseía la milagrosa virtud de clamar el dolor.
Y es que él
sabía, muy bien lo sabía, que al retemplar con el afecto generoso y humano la
moral claudicante, a veces huérfana de cariño, alejaba el sufrimiento que corroe
la miseria de la carne enferma.
Allí, en la
lúgubre y tortuosa habitación del pobre, sobre los leños agonizantes del
brasero, con sus propias manos temblorosas de inquietud, pero animadas de santa
piedad hacía los cocimientos que iban a mitigar el mal, ante las miradas
ansiosas y expectantes de la humilde familia que ponía en el sabio bueno todas
sus esperanzas.
Sus palabras de
despedida tonificaban el optimismo y, antes de irse, hurgando el fondo de algún
recóndito rincón de su exhausto bolsillo surgía la moneda reluciente con que
adquirir, al otro día, elementos vitales para la nutrición de todos.
Dolores no
terminará nunca de pagar la enorme deuda de gratitud contraída con el Dr.
Schuster, con el sabio, con el apóstol, con el filántropo, que vivió rico en
virtudes y murió teniendo como única fortuna el tesoro de sus emociones humanas
y el blasón hidalgo de su pobreza".
Un busto con
los rasgos indelebles del Dr. A. Schuster, se levanta en la entrada de la Necrópolis local,
donde en su inscripción dice:
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DR. ADALBERTO SCHUSTER
El 8 de diciembre de 1914
"LLEGO
AL ALMA DEL PUEBLO"
Prodigando generosamente
su ciencia y su piedad
en el hogar del desvalido.
Dolores consagra este
homenaje
A su memoria
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Justo Pastor Sotura
Don Justo Pastor Sotura nació en
Guijón, Provincia de Oviedo, España, el 6 de agosto de 1847.
Se entregó en su partida con
inmenso cariño al estudio, culminando su carrera de Maestro en forma brillante.
En el año 1869, teniendo veintidós
años de edad resuelve emprender viaje hacia el río de la Plata, desembarcando en
el puerto de Montevideo en el mismo año.
Nuestra República atravesaba en
aquella época por períodos muy críticos. La obra escolar de José Pedro
Varela se venía imponiendo. Don Pastor Sotura desde el primer instante, fue
ferviente admirador del sistema democrático de enseñanza del Reformador de la
Escuela y con fe y cariño colaboró en forma eficaz con aquel.
Pensaba que debían admitirse todos
los niños para ser educados, sin distinción de credos políticos ni religiosos,
ricos y pobres, blancos y negros, todos tenían el sagrado derecho de educarse.
"Los que una vez se han
sentado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que
concurrían usando de un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse
iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y
las virtudes de cada uno, y así, la Escuela gratuita es el más poderoso
instrumento de la igualdad democrática".
Las escuelas debían ser mixtas
como lo dijera el gran Maestro, era necesario organizar el cuerpo docente y
emplear nuevos métodos en la enseñanza, desterrando los ejercicios de memoria y
aplicando el de reflexión, de lo cual se infiere la inmensa importancia de las
lecciones sobre objetos. Los métodos pedagógicos debían ser estudiados y
disertados en conferencia de maestros.
En diciembre de 1869 las
autoridades de Enseñanza del país designaban a Don Justo Pastor Sotura,
Preceptor de la escuela Públicas de Varones de Dolores.
En enero de 1870, iniciando el
sistema vareliano, con inmensa ternura y devoción por sus alumnos y por la
enseñanza, comenzó el Maestro a desarrollar su nobilísima labor en nuestra
ciudad, la que se prolongó por espacio de 48 años -hasta 1918- con algunas
interrupciones, ejerciendo también, durante ese largo período en Villa Soriano.
Toda una vida dedicada a la
enseñanza, actuando en épocas turbulentas, en medio de inmensos sacrificios,
muchas veces sin cobrar durante largo tiempo sus haberes.
Fue dignísima esposa de Don Justo
Pastor Sotura, Doña Graciana Ozararte, de nacionalidad francesa, con quien
contrajo enlace el 4 de mayo de 1878. De este matrimonio, nacieron tres
hijos, dos de los cuales Antonio y Eloy, ambos jefes de dignos y respetables
hogares vivieron radicados en nuestra ciudad y en San Martín (Rpca. Argentina)
respectivamente.
Hoy residen en Dolores sus nietos,
descendientes de este gran maestro que nuestra ciudad lo recuerda ostentando
-con orgullo- su nombre en una de nuestras principales calles.
Tomás Gómez
Soldado de la independencia que ascendió hasta coronel
del ejército.
Nació el 9 de marzo de 1794, el
alzamiento del país contra la dominación española lo halló dedicado a
labores de campo en la estancia de sus padres, pero hizo abandono de todo para
servir en las filas patriotas que obedecían a Artigas, incorporándose a las
huestes del caudillo en su pasaje de Mercedes a Colonia, en el año 1811, para
servir en el sitio de Montevideo.
Dominada la provincia por los invasores extranjeros
retornó a sus trabajos en expectativa de mejores días, que al fin parecieron
alborear, cuando a principios del año 1824 tuvo contactos con agentes del
movimiento que se venía incubando en la Argentina, bajo la dirección de Juan
Antonio Lavalleja para revolucionar el país.
De acuerdo con ellos, Gómez tomó a su cargo el
suministro de medios de movilidad a los futuros invasores, arrimándoles a la
costa del Uruguay los caballos necesarios. Acordaba la
fecha del desembarco, dentro de la imprecisión que imponía la despierta
vigilancia de los imperiales en las aguas del río, tres noches consecutivas se
esperó inútilmente la aparición de los detenidos patriotas.
Al cabo de ellas, Gómez, sospechado por las autoridades y
a punto de ser aprehendido, fugó para la costa entrerriana y de allí a Buenos
Aires, dejando a sus cuñados, los hermanos Laureano y Manuel Ruiz, encargados
de la comisión que constituía -puede decirse- el factor de vida o muerte para
la expedición libertadora y cuyo encargo cumplieron con todo éxito el 19 de
abril de 1825, cuando Lavalleja y sus 32 compañeros tomaron tierra en la playa
de la Agraciada.
De vuelta a la tierra nativa, Gómez tomó servicio en el
ejército, destinándosele con grado de teniente 2º en las Milicias de Colonia.
Después de la revolución riverista fue ascendido en enero de 1843. Su vida se
apagó en noviembre de 1872 y en su honor, una de nuestras calles lleve su
nombre.
José Joaquín
Barrenechea
Oriundo de la ciudad de Mercedes, nació el
30 de diciembre de 1898, llegando a Dolores en el año 1924 para dirigir como
Químico Farmacéutico la farmacia que más tarde llevará su nombre.
Compañero inseparable del Dr. Taruselli, le secundó en la obra de crear un
liceo moderno, el mejor de América del Sur en ese momento con el franco apoyo
del Ministro de Educación y Cultura Eduardo Víctor Haedo.
Participó en la fundación del Liceo
Popular, fue profesor de Química y Ciencias Geográficas y, a partir de 1951,
su Director brindó con amor 44 años a la docencia, siendo necesario un decreto
para que se entregara al descanso, pero siempre sintiéndose cerca del
"ruido de los muchachos". El 18 de julio de 1974, la ciudad, en acto
popular que reunió una multitud en la Plaza Constitución, ofreció su homenaje
a Don Joaquín, maestro de generaciones, amigo y guía de la juventud. Fallece el 18 de julio de 1983.
Vicente S. Betervide
El profesor Vicente S.
Betervide, nació en Melo el 26 de junio de 1899.
Cursó
en dicha ciudad los Preparatorios de Arquitectura. Luego se trasladó a
Montevideo donde cursó Preparatorios de Farmacia, ingresando a la Facultad de
Química, obteniendo el título de Químico Farmacéutico en el año 1920.
En los primeros meses del año 1921, se radicó en Dolores, donde comenzó a
ejercer su profesión.
En 1930,
integró el primer Comité Popular pro creación del Liceo de Dolores, y en marzo
del mismo año integra el primer cuerpo de
profesores del Liceo Popular.
En 1932, es confirmado por el
Consejo de Enseñanza Secundaria como profesor titular de Matemáticas y
Cosmografía. En el lapso comprendido entre 1950-1959, pasó a dictar
clases en el Liceo de la Capital.
En 1959, regresa a Dolores y se
reintegra al Liceo como profesor de las mismas disciplinas.
Fue fundador de ADACDA y
Director del conjunto teatral; integró la Comisión de Amigos del Sodre, del
Rotary club Dolores, socio-fundador de la Asociación de Profesores cuya
presidencia ejerció en varios períodos, luego integró la Comisión Municipal
de Cultura.
Fue miembro-fundador de la Liga
de Defensa Social, y Director de "Camino", órgano de la misma.
Falleció el 16 de septiembre
de 1962.
Elena
Barros
Adolescente aún, en el año
1878, fue nombrada ayudante de la Escuela de Niñas de Dolores.
Su
vocación latente sintió el impulso apasionado y noble que la hizo estudiar
afanosamente para obtener el título de maestra.
Tres grandes profesores
concurrieron a ese fin: Pastor Sotura y Juan Larrey en Dolores y Eduardo Rogé
en Montevideo.
En 1879 recibió el Título de
Maestra Departamental. Bajo la dirección del primer Inspector del
Departamento de Soriano, Juan José Pérez, esta querida maestra se identifica
con los postulados valerianos; y si grande era su vocación, mas grande fue su
afán de llenar a conciencia su heroica misión.
En 1889 en su deseo de seguir
adelante una carrera empezada con fe y vocación, rindió exámenes para obtener
el Título de Maestra de Primer Grado; Título superior al de Maestra
Departamental. Pero no se estancó allí su fervor y en 1891 rendía
exámenes brillantes y obtenía el Título de Maestra de Segundo Grado,
superándose notablemente en su carrera.
Los discípulos de Elena Barros
supieron valorar sus méritos y no la han olvidado.
Una de nuestras calles lleva su
nombre como sensible reconocimiento a su noble obra.
Serafín
Alimundi
Este caracterizado hijo de
Dolores nació en septiembre de 1861 y falleció en Montevideo el 10 de julio de
1959, a los 97 años
de edad. Tan larga fue su vida como proficua su trayectoria progresista en
bien del engrandecimiento de nuestra ciudad.
Desde el año 1894 su lucha fue
incesante, habiendo promovido desde el seno de la Junta Local, que integrara en
diversos períodos y desde innumerables comisiones vecinales, obras de gran
significación: pavimentación de nuestras calles, construcción de un muelle de
madera en nuestro puerto, obras edilicias en el cementerio, establecimiento del
servicio domiciliario de basura, servicio de riego y adquisición de regadoras,
fundación de la Banda de Música Municipal y compra de instrumentos,
construcción de cercos y veredas, proyecto de empréstito para construcción de
un muelle y rambla, construcción de un mercado público, construcción de
dependencia en los corrales de abasto, proyecto de alumbrado eléctrico,
expropiación de campos de la Concordia para destinarlos a Colonia Agrícola,
construcción de depósitos aduaneros, proyecto de amplia autonomía para
Dolores y formación de un nuevo Departamento, instalación de molinos y
cañerías en el cementerio y su embaldosado, construcción de nichos,
ampliación del muelle, transformación de la plaza Constitución, homenaje a
Rodó con la denominación de su nombre a la calle Comercio, creación de una
escuela Industrial y Liceo, denominación a varias calles de la ciudad con los
nombres de Tomás Gomensoro, Andrés Cheveste, Santiago Cristóbal Gadea, etc.
La nómina de
obras por las cuales luchara tesoneramente dan una clara visión de la
personalidad de Don Serafín. Fue además, factor decisivo en la erección del
Monumento recordatorio a la "Acción de Dolores", existente en
nuestra Plaza Constitución y del monumento al General Artigas en la plaza que
lleva su nombre.
Luchó siempre por el bienestar
colectivo aunando sentimientos e inquietudes de intenso fervor patriótico.
Raúl Viar González
Un pintor que hace mucho tiempo
recaló un día en Dolores dando lo mejor de su arte.
Nació el 18 de diciembre de 1915, en
Isla Mala, Departamento de Florida, estudió en la Escuela de Bellas Artes, llegó
a Dolores en 1952, pintó al óleo, carbón.
Retratista y paisajista retratista
algunas de sus obras se custodian en sitios como la Pinacoteca del Liceo José
María Campos ( obras como "Por Aquí También pasaron" -semblanza del pasaje de
los 33 orientales en la Acción de Dolores- , "Los criollos del San Salvador",
referidos a los sauces del río) o la sede de AJUPENDOL de Dolores (retrato de
Artigas). Un de ellas fue obsequiada al Presidente del Paraguay Alfredo Sroessner.
Falleció el 25 de marzo de 1987.
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