Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 

 Personalidades de Ayer

 
 

Dr. Dalmiro rez

La medicina es un apostolado y nadie como el Dr. Dalmiro Pérez pudo enmarcar mejor el título de "Apóstol de la Medicina".

Sin importarle la hora, ni el día, así sea en un ranchito, como en una céntrica casa, hemos visto llegar al Dr. Pérez, sencillo, infatigable y tesonero, para mitigar el dolor del enfermo con el ejercicio de su sapiencia y con la palabra bienhechora de consuelo.

Su sola presencia era vivo aliento en el enfermo, era esperanza y seguridad.  Llegó a nuestra ciudad un día de abril de 1952, silenciosamente, precedido por un historial donde se destacó por su dedicación entusiasta al estudio y a la investigación.

El Dr. Dalmiro Pérez se graduó en la Facultad de Medicina de Montevideo en el año 1943.

Inicia el cumplimiento de su profesión, desempeñándose como Médico de Salud Pública en el Hospital Pasteur y en el Servicio de Asistencia Externa.  Se hizo acreedor del beneficio de una beca en Canadá y estuvo allí un año trabajando con el Prof. Selye en la ciudad de Montreal.

Sus estudios versaron sobre Endocrinología.  A su regreso, dio concurso para la Jefatura de la Clínica Endocrinológica en el Hospital Pasteur en el cual triunfó y por ello se desempeña durante varios años como Jefe de Clínica en el Instituto de Endocrinología.

Habiéndose perfeccionado en el estudio de las enfermedades de la piel con el Prof. May, se presentó en un Concurso de Salud Pública en el cual obtuvo el puesto.

A través de los años, el Dr. Pérez intensificó sus estudios en cardiología, animado por un profundo amor a su carrera y un ejemplar afán de superación.  En el Centro de Salud Pública de Dolores se desempeñó como Médico de Higiene y realizó tareas en forma voluntaria en el Servicio de Pro Cardias y en la Policlínica de Mujeres.  A su vez se destaca en la Asistencia domiciliaria.

Humano, sencillo y dinámico en las siestas abrasadoras del verano o en las más inhóspitas noches del crudo invierno, hemos visto atravesar nuestras calles al Dr. Pérez, conduciendo su Volkswagen verde, al llamado imperioso del dolor humano.

Formó su hogar con la Dra. Diana Acle, quien luego de cesar la práctica de la medicina, continúa desarrollando una activa y destacada acción social en defensa de la salud física y mental de la población doloreña.

La vida de nuestro "Doctor" es un ejemplo de nobleza, de sacrificio personal y de absoluto desinterés material.  Dolores contó con el Dr. Dalmiro Pérez como uno de sus más estimados hijos, que honraron con su presencia, con su trabajo y su maravillosa caridad humana a nuestra población.

Falleció el 24 de mayo de 2004, a la edad de 90 años.

 

Así lo describía Marta Torres de Barlocco

                      "...Puedes estar seguro Doctor Dalmiro Pérez

                      que Dolores te cuenta como hijo predilecto.

                      En cada corazón que late y se emociona

                      hay un GRACIAS muy hondo de todo doloreño.

 

                      Pero por sobre todo, Dolores hoy le canta

                      al Hombre que tú llevas en el medio del pecho,

                      al Hombre que te anima, de límpidas pupilas,

                      que mira en cada enfermo, a un hermano en aprietos.

 

                      Podrán pasar mil años, cambiarse muchas cosas,

                      transformarse costumbres en este hermoso Pueblo.

                      Mas tu vida fecunda será reconocida

                      por los hijos que alegres, poblarán este suelo.

 

                      Será fácil y hermoso discernir con los jóvenes

                      el gran significado de la palabra MEDICO,

                      sinónimo de APOSTOL, de rectitud y entrega,

                      -¡sinónimo de VIDA!- a través de los tiempos..."


 

Dr. Adalberto Schuster

Médico y filántropo, llegó de la Europa central y se afincó en Dolores en las últimas décadas del primer siglo de su fundación, acompañando el florecimiento de nuestra sociedad y siendo uno de sus símbolos, cuando en 1901 la villa echó a vuelo sus campanas para celebrar las fiestas de su primer centenario. Se afincó con su esposa en esta tierra joven y volcó su ciencia y su amor, como dijo una vieja crónica "derramándolos en nuestros abuelos, padres y niños de ayer, que gozan de su paciencia, de su servicio y de su ternura".

Dolores lo cuenta entre sus hijos adoptivos, tan querido y dilecto como aquéllos que nacidos en su solar, modelaron desde distintos ángulos de actividad de esta ciudad. Se reconoce y venera la memoria de este médico precursor y de otros que vinieron a honrarla, como los Dres. Bardier, Dalmiro Pérez, Eduardo P. Bottinelli y Rico Puppo, y por eso una de nuestras principales calles lleva su nombre.

 

Una descripción de años atrás nos define al Dr. Adalberto Schuster así:

"Ojos claros de niño, que se asoman curiosos y asombrados tras los gruesos cristales de unos lentes ovales.  Venerable cabellera entrecana, larga y enmarañada.  Luenga barba de abuelo.  Bonhomía de patriarca en el gesto.  Modestia sin empaques, de verdadero sabio, orlada con los atributos de la pobreza que honran como un hidalgo blasón de dignidad humana.

Gacha la noble cabeza; encorvado el torso, el pesado bastón, colgado al brazo, que se balancea al ritmo de su paso nervioso y menudo, el sombrero de amplias alas bajo las que e cobija su sonrisas cordial de hombre bueno, humeante el grueso cigarro de hoja, suspenso de los labios, que va trazando en su camino una voluta azul, el bullicio de los niños que esperan ansiosos en la ruta del santo, una siembra multicolor de caramelos que sus manos suaves, tiernas y palpitantes como corazones van arrojando al ávido surco de la voracidad infantil, complementan la silueta de un apóstol:  la silueta del doctor Adalberto Schuster.

 

Él vino a Dolores, hace muchos años, de tierras remotas. 

Quedaron allá lejos las ondas del histórico río que mecieron su infancia.  Junto a la Viena romántica del siglo pasado, donde los compases de Strauss acunaban ensueños y se vivía despreocupadamente el fausto deslumbrante  de una nobleza ávida de placeres y romances.

Llegó un día a Dolores, silenciosamente.

No hizo alarde de rumboso título ganado a ley de estudio en facultades famosas, en las que la investigación abnegada de los genios y las sabias enseñanzas de sus profesores, erigieron para el mundo la catedral de la ciencia.

 

Traía como único bagaje un corazón inmenso, colmado de bondad, ansias irrefrenables de realizar el bien, sapiencia medular para derramarla sobre el dolor moral y físico que agobia a los hombres, un profundo sentimiento de luchar con la muerte para rescatar la vida.

Y así calladamente, silenciosamente, con la mirada tendida hacia el horizonte que se recortaba difuso en la lejanía, se le veía en su humilde charret recorrer las solitarias calles de la ciudad.  Ya en noches luminosas, aromadas de flores, ya desafiando la inclemencia del frío y de la lluvia bajo la sombría amenaza de un cielo insondable, tachonado de nubes, a través de los que, con frecuente intermitencia, se filtraban las ígneas lenguas que hablan el idioma colérico de los elementos, mientras el viento, rotas sus cadenas, rugía con voz imponente su libertad.

 

Con abnegada decisión, bajo el débil resguardo de su negro paraguas, marchaba, sereno el espíritu, alerta el corazón, a cumplir un rito impostergable de su religión de honda raíz humana.

Iba en busca del dolor para aliviarlo con sus recursos de sabio y sus tiernos consejos de abuelo, iba al encuentro de mal para aplastarlo, con su implacable determinación de apóstol de la ciencia.

El sólo contacto de sus manos, manos de arcángel que tenían el don de acariciar con ternura infinita, poseía la milagrosa virtud de clamar el dolor.

Y es que él sabía, muy bien lo sabía, que al retemplar con el afecto generoso y humano la moral claudicante, a veces huérfana de cariño, alejaba el sufrimiento que corroe la miseria de la carne enferma.

Allí, en la lúgubre y tortuosa habitación del pobre, sobre los leños agonizantes del brasero, con sus propias manos temblorosas de inquietud, pero animadas de santa piedad hacía los cocimientos que iban a mitigar el mal, ante las miradas ansiosas y expectantes de la humilde familia que ponía en el sabio bueno todas sus esperanzas.

Sus palabras de despedida tonificaban el optimismo y, antes de irse, hurgando el fondo de algún recóndito rincón de su exhausto bolsillo surgía la moneda reluciente con que adquirir, al otro día, elementos vitales para la nutrición de todos.

 

Dolores no terminará nunca de pagar la enorme deuda de gratitud contraída con el Dr. Schuster, con el sabio, con el apóstol, con el filántropo, que vivió rico en virtudes y murió teniendo como única fortuna el tesoro de sus emociones humanas y el blasón hidalgo de su pobreza".

Un busto con los rasgos indelebles del Dr. A. Schuster, se levanta en la entrada de la Necrópolis local, donde en su inscripción dice:

 DR. ADALBERTO SCHUSTER

El 8 de diciembre de 1914

"LLEGO AL ALMA DEL PUEBLO"

Prodigando generosamente

su ciencia y su piedad

en el hogar del desvalido.

Dolores consagra este homenaje

A su memoria

  


 

Justo Pastor Sotura

Don Justo Pastor Sotura nació en Guijón, Provincia de Oviedo, España, el 6 de agosto de 1847.

Se entregó en su partida con inmenso cariño al estudio, culminando su carrera de Maestro en forma brillante.

En el año 1869, teniendo veintidós años de edad resuelve emprender viaje hacia el río de la Plata, desembarcando en el puerto de Montevideo en el mismo año.

Nuestra República atravesaba en aquella época por períodos muy críticos.  La obra escolar de José Pedro Varela se venía imponiendo. Don Pastor Sotura desde el primer instante, fue ferviente admirador del sistema democrático de enseñanza del Reformador de la Escuela y con fe y cariño colaboró en forma eficaz con aquel.

Pensaba que debían admitirse todos los niños para ser educados, sin distinción de credos políticos ni religiosos, ricos y pobres, blancos y negros, todos tenían el sagrado derecho de educarse.

 "Los que una vez se han sentado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando de un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y las virtudes de cada uno, y así, la Escuela gratuita es el más poderoso instrumento de la igualdad democrática".

 

Las escuelas debían ser mixtas como lo dijera el gran Maestro, era necesario organizar el cuerpo docente y emplear nuevos métodos en la enseñanza, desterrando los ejercicios de memoria y aplicando el de reflexión, de lo cual se infiere la inmensa importancia de las lecciones sobre objetos.  Los métodos pedagógicos debían ser estudiados y disertados en conferencia de maestros.

 

En diciembre de 1869 las autoridades de Enseñanza  del país designaban a Don Justo Pastor Sotura, Preceptor de la escuela Públicas de Varones de Dolores.

En enero de 1870, iniciando el sistema vareliano, con inmensa ternura y devoción por sus alumnos y por la enseñanza, comenzó el Maestro a desarrollar su nobilísima labor en nuestra ciudad, la que se prolongó por espacio de 48 años -hasta 1918- con algunas interrupciones, ejerciendo también, durante ese largo período en Villa Soriano.

Toda una vida dedicada a la enseñanza, actuando en épocas turbulentas, en medio de inmensos sacrificios, muchas veces sin cobrar durante largo tiempo sus haberes.

Fue dignísima esposa de Don Justo Pastor Sotura, Doña Graciana Ozararte, de nacionalidad francesa, con quien contrajo enlace el 4 de mayo de 1878.  De este matrimonio, nacieron tres hijos, dos de los cuales Antonio y Eloy, ambos jefes de dignos y respetables hogares vivieron radicados en nuestra ciudad y en San Martín (Rpca. Argentina) respectivamente.

 

Hoy residen en Dolores sus nietos, descendientes de este gran maestro que nuestra ciudad lo recuerda ostentando -con orgullo- su nombre en una de nuestras principales calles.

 


 

Tomás Gómez

Soldado de la independencia que ascendió hasta coronel del ejército.

Nació el 9 de marzo de 1794, el alzamiento del país contra la dominación española lo halló dedicado a labores de campo en la estancia de sus padres, pero hizo abandono de todo para servir en las filas patriotas que obedecían a Artigas, incorporándose a las huestes del caudillo en su pasaje de Mercedes a Colonia, en el año 1811, para servir en el sitio de Montevideo.

Dominada la provincia por los invasores extranjeros retornó a sus trabajos en expectativa de mejores días, que al fin parecieron alborear, cuando a principios del año 1824 tuvo contactos con agentes del movimiento que se venía incubando en la Argentina, bajo la dirección de Juan Antonio Lavalleja para revolucionar el país.

De acuerdo con ellos, Gómez tomó a su cargo el suministro de medios de movilidad a los futuros invasores, arrimándoles a la costa del Uruguay los caballos necesarios. Acordaba la fecha del desembarco, dentro de la imprecisión que imponía la despierta vigilancia de los imperiales en las aguas del río, tres noches consecutivas se esperó inútilmente la aparición  de los detenidos patriotas.

 

Al cabo de ellas, Gómez, sospechado por las autoridades y a punto de ser aprehendido, fugó para la costa entrerriana y de allí a Buenos Aires, dejando a sus cuñados, los hermanos Laureano y Manuel Ruiz, encargados de la comisión que constituía -puede decirse- el factor de vida o muerte para la expedición libertadora y cuyo encargo cumplieron con todo éxito el 19 de abril de 1825, cuando Lavalleja y sus 32 compañeros tomaron tierra en la playa de la Agraciada.

De vuelta a la tierra nativa, Gómez tomó servicio en el ejército, destinándosele con grado de teniente 2º en las Milicias de Colonia.  Después de la revolución riverista fue ascendido en enero de 1843.  Su vida se apagó en noviembre de 1872 y en su honor, una de nuestras calles lleve su nombre.

 


 

José Joaquín Barrenechea

Oriundo de la ciudad de Mercedes, nació el 30 de diciembre de 1898, llegando a Dolores en el año 1924 para dirigir como Químico Farmacéutico la farmacia que más tarde llevará  su nombre. Compañero inseparable del Dr. Taruselli, le secundó en la obra de crear un liceo moderno, el mejor de América del Sur en ese momento con el franco apoyo del Ministro de Educación y Cultura Eduardo Víctor Haedo.

 

Participó en la fundación del Liceo Popular, fue profesor de Química y Ciencias Geográficas y, a partir de 1951, su Director brindó con amor 44 años a la docencia, siendo necesario un decreto para que se entregara al descanso, pero siempre sintiéndose cerca del "ruido de los muchachos".  El 18 de julio de 1974, la ciudad, en acto popular que reunió una multitud en la Plaza Constitución, ofreció su homenaje a Don Joaquín, maestro de generaciones, amigo y guía de la juventud.  Fallece el 18 de julio de 1983.

 


 

Vicente S. Betervide

El profesor Vicente S. Betervide, nació en Melo el 26 de junio de 1899.

Cursó en dicha ciudad los Preparatorios de Arquitectura.  Luego se trasladó a Montevideo donde cursó Preparatorios de Farmacia, ingresando a la Facultad de Química, obteniendo el título de Químico Farmacéutico en el año 1920.  En los primeros meses del año 1921, se radicó en Dolores, donde comenzó a ejercer su profesión.

En 1930, integró el primer Comité Popular pro creación del Liceo de Dolores, y en marzo del mismo año integra el primer cuerpo de profesores del Liceo Popular.

En 1932, es confirmado por el Consejo de Enseñanza Secundaria como profesor titular de Matemáticas y Cosmografía.  En el lapso comprendido entre 1950-1959, pasó a dictar clases en el Liceo de la Capital.

En 1959, regresa a Dolores y se reintegra al Liceo como profesor de las mismas disciplinas.

Fue fundador de ADACDA y Director del conjunto teatral; integró la Comisión de Amigos del Sodre, del Rotary club Dolores, socio-fundador de la Asociación de Profesores cuya presidencia ejerció en varios períodos, luego integró la Comisión Municipal de Cultura.

Fue miembro-fundador de la Liga de Defensa Social, y Director de "Camino", órgano de la misma.

Falleció el 16 de septiembre de 1962.

 


 

Elena Barros

Adolescente aún, en el año 1878, fue nombrada ayudante de la Escuela de Niñas de Dolores.

Su vocación latente sintió el impulso apasionado y noble que la hizo estudiar afanosamente para obtener el título de maestra.

Tres grandes profesores concurrieron a ese fin: Pastor Sotura y Juan Larrey en Dolores y Eduardo Rogé en Montevideo.

En 1879 recibió el Título de Maestra Departamental.  Bajo la dirección del primer Inspector del Departamento de Soriano, Juan José Pérez, esta querida maestra se identifica con los postulados valerianos; y si grande era su vocación, mas grande fue su afán de llenar a conciencia su heroica misión.

En 1889 en su deseo de seguir adelante una carrera empezada con fe y vocación, rindió exámenes para obtener el Título de Maestra de Primer Grado; Título superior al de Maestra Departamental.  Pero no se estancó allí su fervor y en 1891 rendía exámenes brillantes y obtenía el Título de Maestra de Segundo Grado, superándose notablemente en su carrera.

Los discípulos de Elena Barros supieron valorar sus méritos y no la han olvidado.

Una de nuestras calles lleva su nombre como sensible reconocimiento a su noble obra.

 


 

Serafín Alimundi

Este caracterizado hijo de Dolores nació en septiembre de 1861 y falleció en Montevideo el 10 de julio de 1959, a los 97 años de edad.  Tan larga fue su vida como proficua su trayectoria progresista en bien del engrandecimiento de nuestra ciudad.

Desde el año 1894 su lucha fue incesante, habiendo promovido desde el seno de la Junta Local, que integrara en diversos períodos y desde innumerables comisiones vecinales, obras de gran significación: pavimentación de nuestras calles, construcción de un muelle de madera en nuestro puerto, obras edilicias en el cementerio, establecimiento del servicio domiciliario de basura, servicio de riego y adquisición de regadoras, fundación de la Banda de Música Municipal y compra de instrumentos, construcción de cercos y veredas, proyecto de empréstito para construcción de un muelle y rambla, construcción de un mercado público, construcción de dependencia en los corrales de abasto, proyecto de alumbrado eléctrico, expropiación de campos de la Concordia para destinarlos a Colonia Agrícola, construcción de depósitos aduaneros, proyecto de amplia autonomía para Dolores y formación de un nuevo Departamento, instalación de molinos y cañerías en el cementerio y su embaldosado, construcción de nichos, ampliación del muelle, transformación de la plaza Constitución, homenaje a Rodó con la denominación de su nombre a la calle Comercio, creación de una escuela Industrial y Liceo, denominación a varias calles de la ciudad con los nombres de Tomás Gomensoro, Andrés Cheveste, Santiago Cristóbal Gadea, etc.

La nómina de obras por las cuales luchara tesoneramente dan una clara visión de la personalidad de Don Serafín. Fue además, factor decisivo en la erección del Monumento recordatorio a la "Acción de Dolores", existente en nuestra Plaza Constitución y del monumento al General Artigas en la plaza que lleva su nombre.

Luchó siempre por el bienestar colectivo aunando sentimientos e inquietudes de intenso fervor patriótico.

 


 

Raúl  Viar González

Un pintor que hace mucho tiempo recaló un día en Dolores dando lo mejor de su arte.

Nació el 18 de diciembre de 1915, en Isla Mala, Departamento de Florida, estudió en la Escuela de Bellas Artes, llegó a Dolores en 1952, pintó al óleo, carbón.

Retratista y paisajista retratista algunas de sus obras se custodian en sitios como la Pinacoteca del Liceo José María Campos ( obras como "Por Aquí También pasaron" -semblanza del pasaje de los 33 orientales en la Acción de Dolores- , "Los criollos del San Salvador", referidos a los sauces del río) o la sede de AJUPENDOL de Dolores (retrato de Artigas). Un de ellas fue obsequiada al Presidente del Paraguay Alfredo Sroessner.

Falleció el 25 de marzo de 1987.

 

 

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