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"La China de Alimundi"
Unos veinte años le llevó a
don Serafín Alimundi concretar su sueño de un monumento que recordara a la
Cruzada de los 33 y la Acción de Dolores.
Don Serafín, fue un próspero
comerciante,, vinculado a todas las comisiones solidarias, patrióticas y
dirigente del Partido Colorado. Además fue fecundo impulsor del progreso
de la ciudad. Una vez que encargó el monumento a Zorrilla de San Martín,
el célebre escultor obró discrecionalmente. Aquí sólo se sabía que se
trataría de una mujer, simbolizando el Grito de Libertad Don Serafín y la
comisión que le secundaba, se imaginaron una figura virginal y angelical.
Ansiosos asistieron al
desembalaje del enorme sarcófago de madera -traído por ferrocarril- donde se
guardaba el monumento. Puesta de pie la escultura, pegaron un respingo y
quedaron sin aliento. Aquello era un esperpento hembra, de raza
indefinida, india o negra, o china criolla, o marimacho de vigorosa musculatura,
envuelta en una rara combinación de túnica pagana por delante, poncho o capa
por detrás, con gorro frigio enarbolando una espada griega.
Don Juan Calcagno, que cruzó a
ver la novedad, preguntó al atónito Alimundi: "Che, ¿tan fea había sido
la Patria?". No obstante don Serafín y la comisión
apechugaron. La estatua estaba firmada por el hijo del autor de "Tabaré".
No era de menospreciar. Se montó, a cargo del municipio, un trípode
gigante de madera, y los peones con poleas y rondana elevaron aquello para
colocarlo sobre el pedestal donde dos gárgolas -con sobrante del bronce-
Vertían agua sobre dos pequeñas fuente.
La ubicación de la dama,
atento a la evocación histórica, debía mirar hacia el este, el Brasil, donde
habían quedado acorralados los enemigos de la libertad. Es decir que
miraba hacia la Iglesia, el Colegio Teresiano y la Casa Parroquial. La
providencia quiso que justo para ese lado, la dama tenía la túnica o poncho
caído sobre el omóplato izquierdo, y que por ese lugar asomase oronda e
impúdica una generosa teta.
Ahí se armó el
zafarrancho. En la parroquia, desde la ventana de su dormitorio, en la
planta alta, donde se recluía a meditar, el cura Aureliano Paredes vio lo que
sería procaz tortura a su mirada matinal.
Como una tromba con la sotana
arremangada, seguido a la carrera por el teniente cura Peruzzo, y un grupo de
señores católicos, entre los que se hallaba "el Rengo" Ruy Díaz,
mandó parar el trabajo. La discusión fue encendida.
El seno desnudo, por más que
fuera el de la Patria y de la Libertad, apuntando para los terrenos de Dios era
una impúdica ofensa a la Santa Iglesia. No se le pudo convencer. El cura
era célebre por sus exabruptos. "Que la teta apunte para otro lado,
la p... que lo parió". Y se marchó anunciando que llamaría al
Obispo y al Intendente. "El padre está irritado" dijo al
seguirlo el teniente cura Peruzzo apodado "Virgen María" por lo
delicado de sus maneras.
La comisión debatió que
hacer, mientras en lo alto una brisa hamacaba a la estatua.
Don Juan Calcagno, componedor y
casado con una mujer muy católica, halló solución. Que mire para el
otro lado y chau, sino Paredes le excomulga hasta los nietos o lo que es peor,
los recaga en el sermón. "La dama bajó y quedó mirando hacia el
oeste". Era frecuente ver a don Serafín contemplando la obra, no se
sabe si para lamentar su ubicación o convencerse que era bella. Sus
amigos lo mortificaban: "Che Serafín, ¿porqué "una"
sola?. "Serafín, un poquito de nalga al aire hubiera quedado
mejor". "Serafín, mirá que el bicho asusta las
palomas". La copla pasó a las murgas del siguiente
carnaval:
Guarda
que ahí viene el cura Paredes
la
Virgen María y el Rengo Ruy Díaz;
tapen
la teta y cierren la jeta,
y
ni por el oro del mapamundi
digan
que estaban mirando
a
la China de Alimundi.
Por Carlos
Saratsola
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