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"Catecismo elemental de Paredes, y la caballería gaucha de "rusos y búlgaros"
del padre Waller"
El 22 de setiembre de 1859 tuvo
lugar la primera procesión de la virgen celebrando la fundación.
No era capricho el recorrido
partiendo desde el Norte, la costa del San Salvador, hacia el Sur.
Durante muchos años, tras el
incendio de la Iglesia primitiva, la imagen era venerada en el rancho de Funes a
orillas del Río.
Las viejas procesiones eran
ruidosas y festivas.
Los
católicos de aquel entonces, no eran tan pudorosos al momento de ostentar su fe.
Cada tres cuadras, el grupo se detenía para que los vecinos, al pasar, los
bañasen con ramos de flores. Algunos vivos, recogían puñados de flores
caídas u las arrojaban tres cuadras más adelante.
Ocurrió cierta vez, que hubo de
detenerse la procesión para desahogar a la virgen de la abrumadora carga floral
que la asfixiaba. También al paso de la procesión, había aguateros que
refrescaban a los piadosos, y al caballo si era necesario.
Cada procesión era engalanada
por la Banda del Regimiento Quinto que venía da Mercedes.
Era de estilo, que el comisario
cerrase la marcha, abierta por el sacerdote y las autoridades municipales.
Con el tiempo ciertas cosas
comenzaron a cambiar.
Hubo problemas cuando en 1877,
Cosme Mastandrea y sus peones contratados por la
Junta, quitaron a las cabalgaduras católicas, la mala costumbre de pisotear la
plaza Constitución que había sido acordonada y enjardinada. A puro
latigazo con varas sacaron como exhalación a varios jinetes devotos.
Como las bombas de estruendo
cada vez eran más potentes, se fueron suprimiendo, pues encabritaba los caballos
y producían nubes de perros vagabundos enloquecidos de pánico.
Lo que quedó fue el
espectacular recibimiento del campanario, cuando la virgen llegaba a la plaza.
En el siglo pasado, la
opulencia derivada de las buenas cosechas, introdujo en las procesiones
carruajes de lujo, damas de miriñaque y peinetón, una inocente pero vulgar
ostentación que no se compadecía con los peregrinos fundadores, la mayor parte
de los cuales llegaron desgranando terrones.
Antaño, era costumbre que
barras de mozalbetes se dispusieran al paso de la procesión, para soltar alguna
guaranguería.
Cierta vez, una tormenta y las
primeras gotas, amenazaron con disolver la procesión. Así fue que uno de los
mozos, en plena edad del pavo, gritó a los creyentes:¡"Apuren ché, que "la
petiza" se les va a mojar"! del grupo de fieles, que procuraba resguardar la
imagen del rigor de la tormenta, salió como exhalación el cura Paredes quien se
destacaba por su mal genio y peor vocabulario.
El cura se prendió del cuello
del gracioso, lo abofeteó y le gritó: "Marrano, hijo de la peor leche, yo te voy
a enseñar que "la petiza", como le dice tu putísima lengua, es una dama".
Ya en los cercanos tiempos del
padre Waller, la procesión contaba con un sistema de amplificación que la
irradiaba a todo el pueblo.
El micrófono era la debilidad
de Waller.
Tenía un mal genio, y nunca
pudo saber por qué algún relato de la procesión, causaban hilaridad.
El más famoso corresponde al
anuncio de la llegada de la caballería de vecinos de la Concordia, culminando la
procesión.
El cura se prendía del
micrófono y señalaba: "Aplaudan, la hermosa caballería gaucha que viene llegando,
gauchos , criollos benditos, los Krayevski, los Manalisky y los Stirbulov!!!!".
Por Carlos Saratsola
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