Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 

 Anécdota de Dolores

 
 

"Catecismo elemental de Paredes, y la caballería gaucha de "rusos y búlgaros" del padre Waller"

El 22 de setiembre de 1859 tuvo lugar la primera procesión de la virgen celebrando la fundación.

No era capricho el recorrido partiendo desde el Norte, la costa del San Salvador, hacia el Sur.

Durante muchos años, tras el incendio de la Iglesia primitiva, la imagen era venerada en el rancho de Funes a orillas del Río.

Las viejas procesiones eran ruidosas y festivas.

Los católicos de aquel entonces, no eran tan pudorosos al momento de ostentar su fe.  Cada tres cuadras, el grupo se detenía para que los vecinos, al pasar, los bañasen con ramos de flores.  Algunos vivos, recogían puñados de flores caídas u las arrojaban tres cuadras más adelante.

Ocurrió cierta vez, que hubo de detenerse la procesión para desahogar a la virgen de la abrumadora carga floral que la asfixiaba.  También al paso de la procesión, había aguateros que refrescaban a los piadosos, y al caballo si era necesario.

Cada procesión era engalanada por la Banda del Regimiento Quinto que venía da Mercedes.

Era de estilo, que el comisario cerrase la marcha, abierta por el sacerdote y las autoridades municipales.

Con el tiempo ciertas cosas comenzaron a cambiar.

Hubo problemas cuando en 1877, Cosme Mastandrea y sus peones contratados por la Junta, quitaron a las cabalgaduras católicas, la mala costumbre de pisotear la plaza Constitución que había sido acordonada y enjardinada.  A puro latigazo con varas sacaron como exhalación a varios jinetes devotos.

Como las bombas de estruendo cada vez eran más potentes, se fueron suprimiendo, pues encabritaba los caballos y producían nubes de perros vagabundos enloquecidos de pánico.

Lo que quedó fue el espectacular recibimiento del campanario, cuando la virgen llegaba a la plaza.

En el siglo pasado, la opulencia derivada de las buenas cosechas, introdujo en las procesiones carruajes de lujo, damas de miriñaque y peinetón, una inocente pero vulgar ostentación que no se compadecía con los peregrinos fundadores, la mayor parte de los cuales llegaron desgranando terrones.

Antaño, era costumbre que barras de mozalbetes se dispusieran al paso de la procesión, para soltar alguna guaranguería.

Cierta vez, una tormenta y las primeras gotas, amenazaron con disolver la procesión. Así fue que uno de los mozos, en plena edad del pavo, gritó a los creyentes:¡"Apuren ché, que "la petiza" se les va a mojar"! del grupo de fieles, que procuraba resguardar la imagen del rigor de la tormenta, salió como exhalación el cura Paredes quien se destacaba por su mal genio y peor vocabulario.

El cura se prendió del cuello del gracioso, lo abofeteó y le gritó: "Marrano, hijo de la peor leche, yo te voy a enseñar que "la petiza", como le dice tu putísima lengua, es una dama".

Ya en los cercanos tiempos del padre Waller, la procesión contaba con un sistema de amplificación que la irradiaba a todo el pueblo.

El micrófono era la debilidad de Waller.

Tenía un mal genio, y nunca pudo saber por qué algún relato de la procesión, causaban hilaridad.

El más famoso corresponde al anuncio de la llegada de la caballería de vecinos de la Concordia, culminando la procesión.

El cura se prendía del micrófono y señalaba: "Aplaudan, la hermosa caballería gaucha que viene llegando, gauchos , criollos benditos, los Krayevski, los Manalisky y los Stirbulov!!!!".

 

Por Carlos Saratsola

 

 

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