Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 Anécdota de Dolores

 
 

"Cuando Dolores perdió la inocencia y se arrió la bandera del Káiser"

A cuatro años del centenario estalló lo que se temía: el alzamiento armado del Partido Nacional.  La Guerra Civil. Los Blancos clamaban por elecciones limpias, el voto secreto, la representación proporcional.  Batlle provocó a los Blancos enviando tropas a Rivera que era un camoatí de nacionalistas.  Batlle apostó a la artillería, los fusiles Remington y las ametralladoras con que equipó al ejército.  De paso, los trenes de los ingleses lo dotarían de agilidad.  Desde Mercedes -bastión colorado- se dispuso la vigilancia de las familias notoriamente saravistas de Dolores.  Los colorados ostentaban su fidelidad con banderas y crespones rojos en balcones cada vez que venía -cosa que era a menudo- una comisión de la Guardia Nacional que procedía a arrestar sospechosos, enrolar muchachos en el ejército, y proceder a requisas de animales y mercaderías entre los blancos.  Las familias agraviadas, golpeadas y humilladas corrían a la Iglesia procurando protección.

Pero el cura Galarraga se cuidaba bien porque los colorados lo tenían sindicado como provocador y estaba amenazado.  En febrero las cosas se dieron vuelta.  Llegaron los insurrectos de Saravia y se apoderaron de Dolores.  Eran capitaneados por Pérez, Kahrs y Barrios.  El pueblo se cubrió de banderas y crespones blancos.  La revancha se desató sobre los Colorados.  Hubo huidas nocturnas hacia los montes.  No faltó refugiados en sótanos ignotos y gallineros.  Se humilló a los soberbios adeptos de Pepe Batlle.

A fines de mes llegó a revienta caballo con tropas desde Mercedes, Enrique Badano.  Rodeó con sus fusileros la ciudad.  Quedó Dolores convertida en una trampa.  La tropa oficial de Badano, ducha en matanzas, giraba en torno a la ciudad enfrentándose con los Blancos exhaustos que comandaba Anselmo Urán.  Una mañana, la gente de Badano tendió una trampa a Anselmo cuando iba a buscar agua a la chacra de su hermano Blas.  Allí nomás lo ajusticiaron.  Su cuerpo acribillado exhibido en público, desarticuló la resistencia saravista.  Como si un mal fuera poco, llegó la noticia de otro.  El barco "Actos", en el que huían jóvenes Blancos hacia la Argentina, había sido abordado por la marina.  Se perdonó cada capturado a cambio de treinta pesos.  La severidad colorada fue implacable.

De los Blancos de Dolores, sólo quedaron viejos, mujeres y niños sometidos a permanentes humillaciones.  Los hombres estaba muertos o desaparecidos.  Mientras en los alrededores se pudrían a la intemperie los cadáveres -como si aquí no pasara nada-  llegó una compañía italiana de ópera que actuó en la espléndida Cosmopolita adornada con un inmenso cielorraso de Giovanetti.  En medio de la trágica noticia del desastre de Masoller, y de la muerte de Saravia, aquí los Colorados -con alivio- invitan al pueblo a la inauguración de la Torre del reloj.  Solo un acontecimiento restañó las heridas reconcilió por un momento al pueblo: los funerales de doña Faustina Ruiz, viuda del Coronel Timoteo Domínguez, el héroe degollado que años atrás se había negado a arriar la bandera oriental en la isla Martín García.  Regresó la paz, pero los malos recuerdos y los rencores, perduraron por décadas.

En tiempos del férreo control colorado de Dolores, varios extranjeros sorprendidos y sin escape por la guerra, colocaban donde residían las banderas de su país, en un afán de protección y para no verse envueltos en las represalias. 

Hubo uno, el alemán Matías Muller, vendedor de máquinas, quien en el balcón de la fonda enarboló la bandera imperial de Alemania, negra, rojo y amarilla, con el águila negra y bicéfala de la casa real prusiana.

Badano detuvo la patrulla, estudió el pabellón y exigió hablar con Muller.

- ¿Esa bandera qué significa?

- Es la bandera de mi Señor, el Káiser Guillermo.

- Ajá. ¿Y ese bicho negro?

- Es el águila imperial.

- ¡Sácame esa porquería de la vista de la gente!

- ¡Capitán! Cuando el emperador se entere protestará ente su gobierno.

- ¡Me quitas ese bicho y se lo mandas a tu Káiser ya!

- ¡Capitán! El Káiser está en Berlín, y eso queda lejos en Europa.

- Me da lo mismo!. Mándaselo con Vélez en la diligencia!!!.

 

 

Por Carlos Saratsola

 

 

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