Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 

 Anécdotas de Dolores

 
 

Más fácil que "sueco" es "alpargata"

En la primera mitad del siglo pasado, los Fregosi y Favout, plantaron viñedos y montaron bodegas desafiando la afirmación de que los alrededores de Dolores carecían de tierras aptas para el cultivo de la vid.  Tuvieron cierto éxito.

Sin embargo. Mucho antes, en 1891, por el Camino del Medio, se instaló un precursor del cultivo de la viña.  Con tozudez, el gallego Delfín Vieyra plantó las primeras cepas traídas desde Buenos Aires, o compradas a inmigrantes franceses.

El vecindario doloreño juzgó loco al gallego. Ocurría que sobre el vino había poco entusiasmo y muchos prejuicios sociales: "mire usted que andar escarbando la tierra para los mamaús".

En poco tiempo la prolija plantación asombró a todos, y en un abrir y cerrar de ojos, Vieyra tenía setenta personas trabajando en el lugar.

El gallego fue considerado el segundo gran productor en los anales de las viñas de Soriano, detrás de los Caviglia ya instalados en Maúa.

Según los memoriosos, el viñedo y la bodega de Vieyra, funcionó alrededor de unos treinta años en el Camino del Medio (otros sostienen que menos), hasta que alrededor de 1919 levantó el plantío y se radicó en Canelones.

Había enviudado, y se marchó al sur tras un hijo que había venido de España, con más entusiasmo por los pagos canarios, que por los nuestros.

Sin embargo, los años que fue vecino, se le tuvo por un respetable empresario.

El viñedo era objeto de visitas ilustres.  En una oportunidad en que el General Galarza estaba instalado en su cuartel de campaña en Paso de Ramos, se dirigió con su oficialidad al viñedo.

El General y la comitiva fueron agasajados hasta el hartazgo.  Se cuenta que Galarza confió a su teniente Saverino "de este gallego yo no chupo más" porque veía a los uniformados caerse redondos debajo de la panza de los caballos.

Vieyra tenía un cliente de lujo, el Dr. Schuster, quien pudo haberle proporcionado algunos datos de los viñedos de Austria.

En 1893, los vecinos le pidieron la mejor cuba para agasajar al Obispo Mariano Soler durante su paso por Dolores.  Cuéntase, que el anciano príncipe apenas se mojó los labios, pues tenía más interés en apreciar la Iglesia concluida, mientras que entre sus huéspedes hacía estragos la sangre de Cristo.

Al final del siglo, se consideró un milagro que una plaga de langosta no dañara las vides.

Lo que no salvó las prolijas estacas, fueron las correrías de las tropas coloradas de Badano durante el sitio en la guerra civil de 1904, la historia del negocio de Vieyra estaría incompleta, sino se hace referencia a un técnico que el gallego trajo desde Buenos Aires.

Se trata de un químico procedente de Suecia, que algunos tenían por alemán, Solberg.

Muy sociable, apasionado del truco.

Solberg se hizo muy popular entre un vecindario que tenía muy confusa información de la geografía europea, y que temía que el gentilicio de Solberg, "sueco", pudiese ser un disparate.

Por eso, un semanario humorístico de aquel tiempo estampaba un diálogo de vecinos.

- Mirá vos, que Solberg es un sueco!.  

- Y que pasa con eso.

- ¿Cómo un hombre va a ser sueco?.

- Bueno, entonces decí que ¡el gringo es alpargata!.

 

Por Carlos Saratsola

 

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