Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 

 Anécdota de Dolores

 
 

La necesidad doloreña de un tambor, una matraca y una corneta

En el siglo XIX, durante un período, el Uruguay fue gobernado por militares afines al Partido Colorado; uno de ellos fue el General Máximo Santos.  Era un admirador del Segundo Imperio francés; usaba mostachos, perita y vestía de gala como Napoleón III.  Se hizo pintar varios retratos espectaculares por Blanes.  Su séquito de oficiales y coraceros, era digno de los bulevares de Paris.  Vistió con pieles de tigre del regimiento de Cazadores, dando pie al rumor de que arrojaba a los felinos a sus enemigos.  Otro rumor, aseguraba su condición de lobisón, por ser séptimo hijo de un portugués.  La historia lo señala como el primer mandatario que rodeó el cargo de un ceremonial y protocolo imperial.

En 1884 Santos visitó, en su calidad de Presidente, varios lugares del país.  Uno fue Dolores.  Su llegada estremeció hasta las raíces de la sociedad doloreña.  Se dispuso agasajarlo espléndidamente, como convenía a su investidura.

Se encargaron vestidos de gala y fraques a Buenos Aires, que trajeron por el río.  Se adornó la ciudad, fue reforzada la seguridad con un regimiento traído de revienta caballos desde Mercedes, no era para menos, Dolores era sospechosamente blanca.  Santos llegó, anduvo en volanta y a caballo.  La culminación de su estadía, se celebró con un baile de gala en el Club Unión, donde lo francés brillaba por doquier.  La sociedad, comentaba de la generosidad del general, el que fue llevado a la Iglesia y viendo las obras, prometió una donación.  La hizo y fue cuantiosa.  La sociedad desconocía las pésimas relaciones de Santos con el clero.  Era masón, y había estimulado los casamientos civiles.

Santos bailó con la doloreña mas hermosa, Julita Solari.  De pronto, el general mandó parar la música, manifestando que quería agradecer la cordialidad y hospitalidad de los doloreños.  Había apreciado el mal estado de las calles, la falta de un edificio escolar en buenas condiciones, el hospital que estaba lejos de la ciudad, el puerto de frágiles maderos, etc.  Ofreció atender de inmediato, lo que las autoridades presentes le solicitaran, tragando saliva ante el riesgo de un pedido cuantioso.

-Bien señores, ¿qué solicita Dolores?

-Ya lo tenemos pensado, Excelencia.

-Pues bien, ¿qué necesita la Villa?

-Una banda de música, mi General.

-¿Entendí bien? -preguntó incrédulo Santos.

-¡Exactamente Sr. General Presidente!

Santos se marchó, perplejo por lo curioso e insólito del pedido, que diferenciaba a Dolores del resto de las ciudades del país que había visitado.

De su bolsillo costeó los instrumentos que durante muchos años animaron las retretas en las plazas, con una banda municipal que dirigió Marcelino Varela.

La oposición, no se perdió la oportunidad de castigar a los solicitantes con una copla anónima y perversa que decía:

"Mire usted que pueblo de "coloraus"

jodidos y sotretas.

Se les vino el milico lobizón,

el tigrero Santos,

y adulones y con espanto,

pidieron para Dolores,

como buenos lambetas,

la gracia de un tambor,

una matraca y una corneta"

 

Por Carlos Saratsola

 

 

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