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Una
tía "singular"
En
las elecciones de 1942 el herrerismo triunfó en el departamento de Soriano y
llevó a la Intendencia a un hombre de saneados antecedentes, vasta
experiencia, fuerte personalidad y un prestigio que trascendía los estrechos
límites político-partidarios: don Luis Köster, quien a su vez designó como
presidente de la Junta Local de Dolores al que fue principal protagonista
del presente relato: don Eduardo Mario Cardozo.
Alto
y enjuto, de cabello oscuro levemente ondeado, a Cardozo, titular de una de
las cuatro farmacias del pueblo, siempre lo vi y hoy lo recuerdo como una
figura de otra época, de los tiempos de capa y espada, con mucho de
quijotesco y un algo de tartarinesco.
Caracterizado en su vida privada por una templanza, moderación y amabilidad
naturales, así como por un carácter retraído, y dueño de una modestia,
frugalidad y sencillez casi espartanas, en clara contradicción con su
personalidad doméstica, cuando se lanzaba a la actividad social y muy en
especial a la política, Cardozo hacía gala de una suerte de arrogante
ostentación de virilidad y de una propensión a rodear sus actos de excesos
publicitarios; todo ello enmarcado en un estilo literario y una oratoria en
que la hipérbole campeaba por sus fueros.
A
poco de asumir su cargo en la Junta doloreña, don Eduardo Mario no se limitó
al mero cumplimiento de sus funciones, sino que a ellas agregó como hábito,
una correspondencia epistolar que comenzó con la simple información al
Intendente de lo actuado por la Junta de Dolores, pero a la que bien pronto
se agregaron consideraciones de la más diversa índole, e incluso consejos
sobre lo que debía hacerse en ámbitos de la exclusiva competencia del
Intendente, como por ejemplo, si mal no recuerdo, el caso de una misiva en
la que Cardozo le hacía recomendaciones a Köster sobre los accesos de la
capital departamental.
Además, de cada una de las jugosas notas que remitía al Intendente
(redactadas en un estilo que evidenciaba la influencia del de su caudillo,
Luis A. de Herrera) Cardozo hacía llegar una copia a "La Propaganda", cuya
publicación por este semanario era esperada en Dolores con la misma ansiedad
con que en la campaña adyacente se esperaban las entregas radioteatrales de
Yaya Suárez Corbo.
Las
misivas de Cardozo al fin se convirtieron en la exteriorización de sus
serias discrepancias con el Intendente, y eran la comidilla del pueblo.
Así
estaban las cosas, y en febrero del '46 me vine a Montevideo para continuar mis
estudios, y en uno de mis frecuentes viajes a Dolores tomé conocimiento de
la que fuera última carta de Cardozo a Köster. En ella, aquél
ratificaba sus discrepancias con éste y previendo que ello no podría tener
otro fin que su remoción del cargo, ante su inminencia terminaba diciendo
más o menos textualmente lo que sigue: "...en tal caso, bajaré la
"escalinata de la Junta Local, caminaré hasta el centro de la Plaza "y
enfrentándome al monumento que la preside, le diré: "India de Lavalleja": ¡TU ERES MI
HERMANA!".
Claro
está que sucedió lo que debía suceder y don Luis destituyó a don Eduardo
Mario.
Aquí
debo abrir un paréntesis en el relato para hacer un par de acotaciones:
- La
primera es que en Dolores se llamaba, y creo aún se sigue llamando "India de Lavalleja" al monumento obra de J. L. Zorrilla que conmemora la primer
escaramuza bélica de los 33, conocida como "Acción de Dolores";
- y la
segunda es que don Eduardo Mario Cardozo, tuvo un solo hijo varón, de su
mismo nombre, que años más adelante llegó a ser electo diputado nacionalista
por Soriano; y a este hijo, que heredó de su padre la afiliación político
partidaria y un ligero parecido físico pero nada de su abrupto temperamento,
se le conocía entonces en Dolores simplemente como "Lalo" o "Lalito".
Aquel
mismo año '46, en otro de mis frecuentes viajes llegué a la patria chica poco
tiempo después de la destitución de don Eduardo Mario, y como siempre, una
de mis primeras visitas fue al Bar "Quito", donde sostuve con uno de sus mozos
la siguiente conversación:
- ¿Sabés
que la India de Lavalleja cambió de nombre?
- ¡No me digas!. ¿Y
cómo se llama ahora?
- LA TÍA DE LALO.
Por Osvaldo
de la Fuente
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