Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 

 Anécdota de Dolores

 
 

Una tía "singular"

En las elecciones de 1942 el herrerismo triunfó en el departamento de Soriano y llevó a la Intendencia a un hombre de saneados antecedentes, vasta experiencia, fuerte personalidad y un prestigio que trascendía los estrechos límites político-partidarios: don Luis Köster, quien a su vez designó como presidente de la Junta Local de Dolores al que fue principal protagonista del presente relato: don Eduardo Mario Cardozo.

Alto y enjuto, de cabello oscuro levemente ondeado, a Cardozo, titular de una de las cuatro farmacias del pueblo, siempre lo vi y hoy lo recuerdo como una figura de otra época, de los tiempos de capa y espada, con mucho de quijotesco y un algo de tartarinesco.

Caracterizado en su vida privada por una templanza, moderación y amabilidad naturales, así como por un carácter retraído, y dueño de una modestia, frugalidad y sencillez casi espartanas, en clara contradicción con su personalidad doméstica, cuando se lanzaba a la actividad social y muy en especial a la política, Cardozo hacía gala de una suerte de arrogante ostentación de virilidad y de una propensión a rodear sus actos de excesos publicitarios; todo ello enmarcado en un estilo literario y una oratoria en que la hipérbole campeaba por sus fueros.

 

A poco de asumir su cargo en la Junta doloreña, don Eduardo Mario no se limitó al mero cumplimiento de sus funciones, sino que a ellas agregó como hábito, una correspondencia epistolar que comenzó con la simple información al Intendente de lo actuado por la Junta de Dolores, pero a la que bien pronto se agregaron consideraciones de la más diversa índole, e incluso consejos sobre lo que debía hacerse en ámbitos de la exclusiva competencia del Intendente, como por ejemplo, si mal no recuerdo, el caso de una misiva en la que Cardozo le hacía recomendaciones a Köster sobre los accesos de la capital departamental.

 

Además, de cada una de las jugosas notas que remitía al Intendente (redactadas en un estilo que evidenciaba la influencia del de su caudillo, Luis A. de Herrera) Cardozo hacía llegar una copia a "La Propaganda", cuya publicación por este semanario era esperada en Dolores con la misma ansiedad con que en la campaña adyacente se esperaban las entregas radioteatrales de Yaya Suárez Corbo.

Las misivas de Cardozo al fin se convirtieron en la exteriorización de sus serias discrepancias con el Intendente, y eran la comidilla del pueblo.

 

Así estaban las cosas, y en febrero del '46 me vine a Montevideo para continuar mis estudios, y en uno de mis frecuentes viajes a Dolores tomé conocimiento de la que fuera última carta de Cardozo a Köster.  En ella, aquél ratificaba sus discrepancias con éste y previendo que ello no podría tener otro fin que su remoción del cargo, ante su inminencia terminaba diciendo más o menos textualmente lo que sigue: "...en tal caso, bajaré la "escalinata de la Junta Local, caminaré hasta el centro de la Plaza "y enfrentándome al monumento que la preside, le diré: "India de Lavalleja": ¡TU ERES MI HERMANA!".

Claro está que sucedió lo que debía suceder y don Luis destituyó a don Eduardo Mario.

 

Aquí debo abrir un paréntesis en el relato para hacer un par de acotaciones:

- La primera es que en Dolores se llamaba, y creo aún se sigue llamando "India de Lavalleja" al monumento obra de J. L. Zorrilla que conmemora la primer escaramuza bélica de los 33, conocida como "Acción de Dolores";

- y la segunda es que don Eduardo Mario Cardozo, tuvo un solo hijo varón, de su mismo nombre, que años más adelante llegó a ser electo diputado nacionalista por Soriano; y a este hijo, que heredó de su padre la afiliación político partidaria y un ligero parecido físico pero nada de su abrupto temperamento, se le conocía entonces en Dolores simplemente como "Lalo" o "Lalito".

Aquel mismo año '46, en otro de mis frecuentes viajes llegué a la patria chica poco tiempo después de la destitución de don Eduardo Mario, y como siempre, una de mis primeras visitas fue al Bar "Quito", donde sostuve con uno de sus mozos la siguiente conversación:

- ¿Sabés que la India de Lavalleja cambió de nombre?

- ¡No me digas!. ¿Y cómo se llama ahora?

- LA TÍA DE LALO.

 

Por Osvaldo de la Fuente

 

 

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