"Hace ciento treinta y
ocho
años que están sonando y se escuchan desde muy lejos"
Historia de las campanas de la Iglesia de Dolores
En el año 1866 se
convocó en Dolores, Uruguay, a una Comisión con la idea de
llevar a cabo la construcción de un nuevo templo para la Villa
por el deplorable estado en que se hallaba el existente
La primera
resolución que tomó esta comisión el 29 se noviembre de 1866
fue levantar una suscripción a los efectos de reunir dinero
para mandar construir dos campanas para la Iglesia.
El primero de
diciembre ya habían reunido trescientos pesos. Pensaron en
las viejas campanas que estaban en desuso por deterioro, pero
servirían para la fundición.
Por lo tanto
resolvieron remitir a Montevideo las campanas deterioradas,
para que fuesen fundidas. Estas fueron embarcadas en la
Goleta Nacional Villa de Dolores, cuyo patrón Don Vicente
Cervetti, se prestó gustoso a llevarlas gratuitamente.
Por esa resolución
dejaron de existir las viejas e históricas campanas traídas
del Espinillo en la mudanza del pueblo y quedaría por ese
tiempo sola la campana que el padre Bergereche hiciera
construir en 1849.
La Comisión
realizó una nueva reunión para determinar el peso que deberían
tener las dos campanas. Se pensó en “algo grande para el
futuro”, seguramente fue así porque aún hoy su tañir se
escucha a mucha distancia. El peso se determinó en cuarenta
arrobas las dos juntas, siendo una de ellas menor que la
otra.
Las campanas se
hicieron en Montevideo y costaron seiscientos noventa pesos
con noventa centésimos. Quinientos sesenta y dos pesos se
juntaron con la colecta y ciento veintiocho fue el producido
de la fundición de las campanas viejas.
La mayor pesa
quinientos ochenta y dos libras y la menor cuatrocientos
cinco. Llegaron a Dolores en abril del año siguiente 1867, y
fueron bendecidas el día de los Patronos de la Nación, Santos
Felipe y Santiago. El padrino de la mayor fue Don José María
Ruiz y el de la menor Don Miguel Madrid.
La vieja Iglesia
doloreña podía tocar a vuelo sus enormes campanas y anunciar a
los pobladores de la Villa y sus alrededores que había
comenzado un tiempo más fructífero.
Así fue creciendo esta población a orillas del río San
Salvador y las campanas de su Iglesia resuenan en cada
Navidad, como lo harán en la próxima, por la felicidad de
todos los doloreños estén donde estén!!!...
Lic.
Maria Luisa Mendoza
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