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Mario Favout Bastía
Nació el 5 de mayo de 1910 en
Lucerna, Torino, en la frontera norte de Italia donde este país limita con
Francia. Precisamente de Francia proviene el apellido. "Según
sé, por las persecuciones sufridas por los protestantes, hicieron que cruzaran
la frontera para esta zona, esto fue por el 1676. El apellido Favout
estuvo entre los primeros que pasaron para ese lado, se instalaron en las
montañas y fundaron San Giovanni, el bisabuelo de mi madre nació allí, en mi
familia mi abuelo luchó en guerra con Napoleón, que había conquistado toda la
región del Piamonte, mi padre participó en la primera guerra mundial."
Su padre falleció cuando solo
tenía 49 años, se llamaba Pietro Paolo -en el dialecto patois le decían
Piereto- su madre Agustina, sus hermanos, el mayor Enrico que fue policía,
luego Ernesto y el más chico fue guerrillero partisano Pietro Paolo.
Su infancia Alpina
Al contar su infancia Alpina,
Mario no puede evitar nombrar a sus hermanos. "Yo cuando tenía 6
años empecé la escuela. Ernesto fue un gran atleta, campeón de
bicicleta y de esquí en el regimiento para eso trabajó fue el único que no
luchó en la guerra, por una enfermedad en el oído que se llamaba otitis, me
acuerdo que un doctor le dio una cartulina certificado y con eso se escapó de
ir a Rusia. Abandoné la escuela a los 10 años, le dije a mi padre que no
quería estudiar más y me fui a trabajar a 3 kilómetros del pueblo, ganaba 10
liras y me regalaron un par de suecos que tenían una chapita amarilla en la
punta. En el segundo trabajo me pagaban 15 liras, pastoreaba vacas.
Después de la primera guerra tuve mi nuevo patrón que me daba también un buen
desayuno con café con leche. Allí trabajé hasta el 9 de setiembre del
año 1920".
El sueño africano al
regimiento, a pasitos de su casa
Después de aquel deambular en
la servidumbre de vecinos, apenas un poco más pudientes que sus padres, Mario
comenzó a sentir que tenía capacidad para volar, y puso sus ojos más allá de
los Alpes que lo rodeaban o los Apeninos que van a Génova, miró hacia África.
"A los 18 años me quise
ir a África que tenía tres regiones colonizadas por Italianos: la Eritrea, la
Somalia, y la Tripolitania, para eso tramité la libreta de conducir -dice
Mario, que recuerda que había gastado los pocos pesos que tenía en la
gestión. La prueba por entonces estaba a cargo de "un ingeniero de
la Fiat". En esos tiempos, solo tenían autos el doctor, el
farmacéutico y el veterinario. Hoy hay tres autos por familia.."
El viaje fue cortito, porque no
pudo cruzar el Mediterráneo y le pidió a un amigo conocido de un coronel que
lo recomendara para conducir en alguna unidad militar. El deseo se le
cumplió a medias. A la hora de incorporarse a un grupo armado se le
presentaron tres opciones: la Artillería, los Versallierie (un batallón
completo en bicicletas, tiene muchas plumas en su sombrero) o los Alpinos (que
tiene una sola), decide el último porque queda a 15 kilómetros de su casa.
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Quien
entra a la
Sociedad Italiana de Dolores por la puerta principal puede observar a la
derecha una vitrina que conserva varios sombreros verdes con una pluma.
Pertenecían a los Alpinos doloreños: un grupo de ex integrantes del
regimiento de los Alpes que legaron los símbolos distintivos de los cuadros
militares que supieron componer. A esa vitrina solo le falta un sombrero,
el de Mario Favout Bastía, quien con indisimulado orgullo lo conserva -y de
vez en cuando lo usaba en su casa- porque el era el último de los Alpinos |
En los
Alpinos estuvo 3
meses, primero durante toda la instrucción y después como tenía la libreta de
chofer, lo pidieron de otro regimiento de artillería motorizada, que tenía
tractores viejos de la otra guerra. Los Alpinos caminaban 30 Km. por
día. En ese batallón estuvo 15 meses. Lo llamarían nuevamente 7
años después.
En guerra sin disparar un tiro
y cara a cara con Mussolini
Después del servicio militar a
principio de la década del 30, entre 1938 y 1940 fue llamado a prestar servicios
en los cuadros de su antiguo regimiento. Las primeras veces fueron por
escaramuzas pero el 10 de junio del 40, les tocó atacar Francia, distante 20 Km.
de la frontera. Los italianos atacaron Francia, porque "Mussolini
quería agarrar algo, como Niza y Saboya" aprovechando que las fuerzas de
Hitler se acercaban a París. "El ataque a Francia duró 18 a 20
meses, fue sobre la montaña de 4000 mil metros, sobre los Alpes por eso nos
llaman Alpinos".
Después de la incursión sobre
Francia el regimiento fue trasladado a Yugoslavia, "pasé por mi pueblo en
ferrocarril para carga ahí los camiones". En la frontera con Yugoslavia
vio otra realidad de la guerra, "nosotros estábamos muy atrasados, y los
yugoslavos más pobres que nosotros, porque prendían los cañones con bueyes,
nosotros teníamos al menos camiones viejos, pero eran camiones". Al
final quienes lograron dispersar a los adversarios fueron los alemanes.
Nunca tuvo que disparar un tiro, "siempre estuve a lo último, no era muy
voluntario".
Estuvo en la guerra de
Yugoslavia dos o tres meses, y cuando nació su hija Mirella buscó excusas para
escapar al batallón y finalmente la salida la encontraría en un "dolor de
muela". Ese día fue la primera vez que vio a Mussolini cara a cara.
Es mejor casarse con alguien
que se conoce trabajando, que bailando
La peculiar frase la aprendió
de su padre y la puso en práctica cuando conoció a su compañera para toda la
vida: Paollina Bouissa. La familia creció en los difíciles años de la
guerra, que generaron en el granjero la ansiedad de escapar cuanto antes de
aquella tragedia para darle seguridad a los suyos.
Se casó el 27 de setiembre de
1936, cuando tenía 26 años y su esposa 16. Ella nació en un pueblito
llamado Villar Pelicce, se llama Paollina Bouissa, pero en Uruguay es
Paulina.
"Nos conocimos mientras yo
trillaba trigo, en la casa de los padres de sus padres. Tenía ella 12
años. Mi padre decía siempre que es mejor casarse con alguien que se
conoce trabajando que bailando. Tuvimos dos hijos, Ricardo y Mirella".
"Después decidimos
venirnos para el Uruguay, fueron muchas las cosas que sufrimos allá, la guerra,
casi 10 años. Llegamos el 1 de abril de 1950, buscando nuevas
oportunidades".
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Festejo
de los 60 años de casados |
Preso político
"Cuando tenía 30 años fui
preso político. Éramos 60 personas en un cuarto de 8 metros por 6, en una
prisión de 4 pisos. No se podía dormir acostado, estábamos apilados
unos sobre otros. No había piojos, pero sí chinches. Por suerte yo
sólo pase 28 días, después me enteré que el que había diseñado esa
prisión cuando vio que era tan terrible se había suicidado.
Pude salir gracias a un oficial
alemán, que conocía porque vivía cerca de mi casa y se comprometía a
hacerme salir. Ya otros habían salido por tener una edad muy avanzada.
Una noche me vinieron a buscar a la celda a mi solo y pensé que me iban a matar.
Me llevaron a un cuarto unos oficiales alemanes y un traductor y me
interrogaron, sobre el paradero de mi hermano, que era comandante de guerrilla.
Yo no sabía donde estaba
porque se cambiaban de lugar, de ciudad cada pocos días. Después de ese
interrogatorio, me soltaron. Me acompañaron dos oficiales alemanes de la
prisión hasta la estación, incluso llegando ya a la estación no confiaba en que
me fueran a libertar.
Pero sí, al llegar, como
caballeros me dieron la mano y se fueron, me dejaron en libertad.
Dentro de la estación estaba
también lleno de oficiales alemanes, pero a pesar de mi apariencia, de llevar
una barba de 15 días, la ropa sucia, ninguno me detuvo o me preguntó nada".
Lamentablemente Don Mario
nos dejó físicamente el 24/04/02. El 5 de mayo hubiese cumplido sus 92
años. Tuvo la fortuna de contar con una impecable lucidez y una gran
memoria, que conservó hasta el final de sus días, capacidad ésta que hizo gala
en todo lo que contamos y que describe peripecias y vivencias de un inmigrante
italiano que llegó y prosperó en nuestra tierra uruguaya.
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