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Daniel Negrín
Baridón
Nació el 31 de Diciembre de 1856,
en Bobbio Pellice en los Valles Valdenses del Norte de Italia, era hijo de José
Negrín y Magdalena Baridón. Era el tercero de la familia. Hasta la
edad de 8 años vivió en la ladera riscosa de sus montañas nativas, confiándosele
entre otras tareas la de apacentar las ovejas, mientras otros niños mayores
atendían las vacas, las ovejas y las cabras del vecindario en las pasturas
naturales.
Hasta sus últimos años, guardaba
frescos algunos recuerdos de su vida infantil: "cómo con un compañero se
habían guarecido en el interior de un viejo castaño carcomido y seco por
dentro, y como hacía frío,
encendieron fuego para calentarse, para distraerse empezaron a hacer saltar
hacia arriba con unas varas algunas brasas, sucedió, sin embargo, algo que por su
inexperiencia no esperaban, el interior del viejo castaño empezó a arder.
Ellos para ocultar su fechoría, huyeron y se enteraron al día siguiente de que
el viejo castaño había rodado por la pendiente hasta detenerse, después de
sembrar una estela de chispas y temor en la aldea vecina".
La aldea donde vivían
habitualmente se llamaba "La Sarcená" pero la familia del abuelo
Negrín fue apodada "Macanail" debido a que había adquirido en dicha
localidad, un terreno poblado de castaños, con el objetivo principal de
aprovechar sus frutos.
El 1º de enero de 1864, cuando Don
Daniel tenía 8 años de edad, toda la familia se embarcó rumbo a América; la
familia se completó con dos hijos nacidos en el Uruguay.
Los tiempos habían sido difíciles
y se tornaban cada vez más angustiosos, de modo que el padre de familia ansiaba
mejores oportunidades para criar a sus hijos. Pero entonces era muy poco
lo que se sabía de las condiciones aquí; existían rumores nada alentadores para
los que proyectaban venir a América. Don José esperaba los informes
favorables de otros Negrín, no emparentados con él, que le remitirían desde
Montevideo.
Cuando partió de Italia, prometió
a Don José Negrín, que si le iba bien en América, al firmar sus cartas, añadiría
el conocido apodo.
Al cabo de algunas semanas, las
cartas empezaron a llegar, pero no llenaban la consabida contraseña, por lo que
se suponía en los Valles, que no le iría bien. Hubo mucho de esto para el
pobre emigrante, pero también era cierto que se había olvidado de su promesa,
aún cuando las cosas empezaron a andar mejor.
Así que fue necesario que Don
José, a quien urgía cambiar de horizontes, le escribiese preguntándole
directamente que tal era esa América, para que se acordara de alargar su firma,
que podría ser: Negrín (Pret a Boire) siempre listo a beber. Así fue que
partió de Génova, por necesidad con otras familias de aventureros, en unos
veleros que hacían la travesía hasta Montevideo, que duró tres meses. En
el puerto de la Capital trasbordaron a una embarcación de menor calado que debía
traerlos al puerto de Rosario. Un furioso temporal se desencadenó sobre el
Río de la Plata de tal modo que después de algunos días creyendo ya haber
llegado a destino, se hallaban todavía barloventeando sobre las olas frente a
Montevideo.
Su llegada a América
Al llegar al puerto de Rosario,
fueron recibidos por las familias que ya les habían precedido.
Daniel recordaba perfectamente dos
cosas que llamaron poderosamente su atención de niño al llegar a esta tierra: lo
primero fue el estridente grito de los teru-teros que no lo dejaron dormir,
daban voces de alerta en torno al hospitalario primer rancho que usaron, y el
pensaba si siempre habría de ser así la vida en América; lo segundo fue
cuando vio por primera vez un hermoso montón de doradas espigas de maíz, pues en
la aldea donde vivían el clima no era favorable para el maíz.
En el año 1871, a los 15 años tuvo
que asumir parcialmente la dirección de la casa, por haber fallecido su padre, y
ser el varón de más edad que quedaba en ella. Luego en 1881, fallece
también su madre, y compra a sus hermanos la chacra paterna que a fuerza de
trabajos y ahorros había finalmente logrado. Esa chacra se encontraba en
las inmediaciones del Paso "Las Toscas", próximo a La Paz.
En la Villa asistió a la escuela y
durante la niñez y la juventud en Colonia Valdense, fue un asiduo alumno de la
Escuela Dominical y luego Instructor. Le agradó mucho el canto y recordaba
con gran satisfacción un importante deber cumplido, con frecuencia
acompañaba al Pastor Daniel Armand Ugón en sus cultos fuera del Templo para
dirigir el canto; poseía una buena voz y el Pastor reconocía no tener él
personalmente tal talento.
Sus hijos
Se casó dos veces; la primera en
1882, con María Bertón, de la que tuvo seis hijos varones y tres mujeres: José,
Juan, Daniel, Pablo, Magdalena, Enrique, Susana, David, Paulina y Alberto.
Este tenía solamente 20 días cuando falleció su mamá, por lo que fue criado por
su tía, la Srta. Anita Bertón, que más tarde habría de contraer matrimonio con
Daniel.
De su segundo matrimonio celebrado
el 29 de setiembre de 1895, nacieron Ernesto, Juana, Carlos, María, Alina y
Reyna. Fallecieron siendo niñas Juana y Alina. Todos los hijos del
primer matrimonio nacieron en Colonia Valdense mientras que los del segundo
nacieron en San Juan y la última en Riachuelo.
En el año 1896, se traslada a San
Juan, donde había arrendado un campo de 183 cuadras, lindando con éste, adquirió
una de 250 cuadras, al que le siguieron uno en Estanzuela, otro en Riachuelo y
otro más en Estanzuela.
Daniel adquiría estas propiedades
a fin de ubicar en ellas a sus hijos varones que se casaban y establecían por su
propia cuenta; pero a causa de esto hubo de vivir por varios años con deudas,
las que finalmente fueron liquidadas, vendiéndose un campo en Estanzuela.
Mucho tuvo que luchar al
principio. En San Juan los primeros años fueron malos; perjudicaron
grandemente a los productores la sequía, la langosta y las Guerras Civiles.
Dirigía en su propia casa una Escuela Dominical y al hacerse propietario destinó
un cómodo Salón de Terrón para celebrar también allí cultos ocasionales, los que
eran presididos por los Pastores visitantes como el señor Daniel Armand Ugón y el
señor Pablo Davyt, así como el consagrado laico Ignacio Manuel Díaz (todo esto
antes de que se organizara la Iglesia de Tarariras, pues desde entonces fue su
Pastor el Sr. Benjamín A. Pons).
En el año 1909 adquirió una
propiedad en Riachuelo, donde se radicó al año siguiente. Se trataba
ahora de un campo notable para la explotación pues el terreno adquirido contenía
algunos cientos de pie de vid y otros tantos de frutales, además de la chacra.
Don Daniel siempre había sido muy aficionado a los árboles, por lo que este
trabajo le resultó grato y remunerador.
En el año 1928, la carretera
nacional de hormigón (Ruta 1) cortó en dos esta chacra, inclusive una nueva
plantación de frutales, lo que fue para él motivo de mortificación al principio.
Pero poco a poco se adaptó a este nuevo paso del progreso, y hasta lo celebró en
cierto modo, haciéndose edificar una nueva residencia más cerca aún de la
carretera de hormigón para retirarse del trabajo intenso (por más que le fue muy
difícil acatar las órdenes médicas de no trabajar; siempre hallaba algún
trabajito de hacer).
El 29 de Setiembre de 1935, se
realiza la primera fiesta que hoy llamamos "DE LOS NEGRIN". El motivo de
dicha celebración fue festejar los 40 años de casados de su segundo matrimonio,
pues él manifestaba que su salud no le permitiría poder festejar los cincuenta
dado las varias intervenciones quirúrgicas a que había sido sometido.
Es así que ese día todos sus hijos
y nietos lo rodearon. El abuelo hizo venir ese día un fotógrafo de
profesión, que en aquellos tiempos recorrían el interior del país para ganarse
el sustento de ese modo, acudiendo donde se les llamaba.
En el año 1941, adquiere una casa
en la ciudad de Colonia sobre la Avenida Artigas. Su ánimo siempre jovial y
animoso declinaba un tanto para reponerse poco después y de nuevo traqueteaba la
rueca, marcando el compás con alguna canción en francés o en "patois" o bien se
oía funcionar el martillo, la sierra y el cepillo en el improvisado taller de
carpintería instalado en el fondo de su casa coloniense, o bien buscaba con
quien jugar un partidito a las bochas y para acortar la noche, el dominó con la
abuela y distintas nietas que en los últimos años tuvieron la oportunidad de
acompañar a los queridos abuelos.
Fiesta de los Negrín
En el año 1945, puede festejar los
50 años de casados y ya no con todos sus hijos vivos pues le precedieron los
hijos Alberto, Susana y Pablo. Nunca pensó que algunos de los
hijos partirían primero que él; pudo así recordar esta fecha y fue la última vez
que su descendencia se encontró con él. Ese año manifestó que aunque él no
estuviera en este mundo era su deseo que si bien no fuera en esa fecha pero sí
en el día del cumpleaños de la abuela, el 15 de noviembre, se reunieran, es
así que hasta 1962, siempre se encontraban los 15 de noviembre; en algunas
oportunidades en la Quinta Nimmo, cedida por sus propietarios Diego y María (hoy
Hogar Nimmo, obra social de la Iglesia Valdense a favor de los niños
desamparados), y así su señora podía participar por estar cerca de la Ciudad de
Colonia. Más tarde se empezó a hacer en San Pedro todos los años del 3er.
domingo del mes de noviembre.
Una de las nietas lleva un
registro demográfico de los descendientes con total exactitud, dado que mantiene
constante correspondencia con sus familiares.
Don Daniel Negrín falleció el 23 de
Mayo de 1946 y doña Anita el 15 de setiembre de 1963.
Testimonio del pastor Julio
Tron en los 80 años del establecimiento de las primeras familias en Riachuelo,
publicado en el boletín Sudamericano de Historia Valdense del año 1960.
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"No tiene enemigos", "¡qué hombre
bueno, Daniel Negrín!". "Si todos fuesen como Don Daniel no habría
querellas, pleitos, sentimientos de venganza, resentimientos, odios en la
sociedad, y la comunidad sería verdaderamente una familia cuyos miembros se aman
como hermanos y cualquier desacuerdo quedaría solucionado". Palabras como
éstas las oí muchas veces en la comunidad de Riachuela.
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Don Daniel Negrín fue un
testimonio viviente de paz, de paz cristiana. Hombre pacífico, tal vez por
temperamento, ciertamente por voluntad que le inspiraba su sentimiento
religioso. Su gran corazón, su dulce sonrisa, su conversación agradable,
cálido apretón de manos, su afectuosa simpatía le hicieron amigo de todos.
Hombre religioso, sufría al ver la
indiferencia de muchos miembros que abandonan los cultos por cualquier motivo.
Sin fanatismos ni intolerancias, sin negar el valor y la razón de ser de las
otras denominaciones, estaba convencido de que la Iglesia Valdense es un
instrumentos seguro para conocer y servir a Dios. Por ello amó a su
Iglesia y la quería fuerte y conquistadora. Su ambición -santa ambición-
fue colaborar con todos los medios a su alcance para dar una más intensa vida
espiritual a su congregación.
Esta Historia fue confeccionada
por sus nietos Claudio Negrín Bertalot y Luis Arnoldo Negrín Rostán con la
colaboración de la profesora de Idioma Español, Sra. Iris Malán de Ricci, en el
año 1987.
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