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La península es
un maravilloso regalo de la naturaleza a nuestra ciudad, en la cual la
obra del hombre, ha modificado en parte su paisaje, logrando una transformación
positiva que reditúa en beneficio general.
Si nos
trasladamos al siglo pasado, apreciaremos esta transformación. En un
principio la península no ofrecía el aspecto que tiene hoy. Era un lugar
prácticamente inaccesible, de tupida vegetación, donde abundaban matorrales de
diversa especies, espinosos rosales y proliferaban los reptiles venenosos.
Además existían peligrosos
tembladerales que hacían más riesgosa su penetración.
En ese entonces era una verdadera "isla", rodeada enteramente de
agua.
No obstante ser, en aquel tiempo
una peligrosa morada, existían personas que habían encontrado en este lugar
tenebroso e inhabitable, un refugio seguro y eficaz. Estas personas eran
aquellas que tenían sobrados motivos para mantenerse alejadas de los lugares de
libre acceso y que hallaron allí el recinto adecuado para su seguridad personal
y para la consumación de sus actos deshonestos.
Nos referimos a los contrabandistas, principalmente de origen porteño,
provenientes de las islas argentinas y otros delincuentes.
Así, esta isla cubierta de arboleda indígena, variedad de enredaderas y
colgantes lianas, donde el sol lograba escurrirse por delgados huecos,
predominando el ambiente sombrío de las regiones silvestres, fue innumerables
veces, amparo seguro de maleantes y contrabandistas.
Pero en
setiembre de 1874, la Junta Auxiliar Económica Administrativa, llamaba a remate
público para el arrendamiento de la isla del puerto y el arrendatario debía
pagar un peso mensual desde el 18 de noviembre de ese año a setiembre de 1875.
En esa
oportunidad fue adjudicada al Sr. Nicolás Macera que fue la única persona que se
presentó. Posteriormente, en 1903, el Comisario de la Villa, Don Jacinto
Sánchez, hizo saber a los vecinos carentes de recursos que tuvieran animales,
que se había destinado la isla del puerto para pastoreo en forma gratuita.
Pero continuaba siendo un lugar inhabitable.
A pesar de todo, del aspecto tenebroso que ofrecía, de su dificultosa
penetrabilidad, de su lujuriante follaje, nació en un vecino de la localidad,
la idea de convertir la isla en un bello paseo público, de modificar su
paisaje, acondicionar su ambiente para lograrse disfrutar de este hermoso paraje
y conseguir así que fuera la isla el sano lugar de esparcimiento, de frescura,
naturalidad y encanto que todos los doloreños pudieran disfrutar.
Este visionario fue el apreciado vecino Don Timoteo
Ramospé que en el año 1913 tuvo la feliz iniciativa de transformar la isla en un
paseo público con jardines, caminos y fácil acceso.
Desarrolló una proficua labor que se veía contraatacada por las frecuentes
crecientes del San Salvador que destruían en unas horas, el esfuerzo y desvelo
desplegados por este hombre infatigable que luchó por plasmar en feliz realidad
su notable idea.
También existieron personas que no apreciaban en su verdadero valor los
planes de Don Timoteo y pretendían ejercer una influencia negativa para que no
se pudiera llevar a cabo esta obra, apoyados por algunos periódicos de la
época.
No obstante ello, el Comandante
Ramospé, como lo llamaban entonces, dio el impulso inicial que luego va a ser
continuado por otros ciudadanos y en reconocimiento de su feliz idea y de su
incansable labor, desde 1953 la Península se honra con su nombre.
En 1924 ocupa la presidencia de la Junta el Sr. Germán Schweizer quien
pensando en el mejoramiento de la isla y continuando con las ideas de Ramospé,
intenta separar el San Salvador de la Cañada Contreras lográndolo por medio de
fijación de estacas de árboles criollos para evitar el arrastre de tierra
ocasionado por las periódicas crecientes y rellenando con escombros y piedras
extraídas de las calles y escoria del carbón de piedra que utilizaba el Molino
San Salvador, en ese entonces propiedad de la firma Paseyro y Cía., quedando
formada así la Pasarela que unió la isla a tierra firme y que hoy se llama
Pasarela Schweizer.
De los primeros en utilizar la península como paseo, fue el Centro Recreativo
Español, que el 12 de octubre de 1927, celebró en ella sus clásicas Romerías.
También sabemos que antes del año 1930 vivía en la isla un quintero de
apellido Quay que tenía su rancho allí y realizó muchas plantaciones de
zapallos, sandías, etc.
Más tarde, desde la Presidencia de la Junta Local, otro vecino que colaboró
en gran forma por el adelanto de la península, fue el Sr. Eduardo Mario Cardozo
y por su iniciativa el 11 de mayo de 1949 reúne a conceptuosos vecinos en el
Municipio para formar una "Comisión de Amigos de la Isla".
En acta suscrita de esta reunión dice así: "En la ciudad de Dolores, el 11 de
mayo de 1949, en la Junta Local y siendo las 21 horas, se reúnen los Sres.
Eduardo Mario Cardozo, Ing. Tomás Guarino, Dr.Werner Liesegang, Jhon Daniel
Breeze, Mario V. Moller y Esc. Juan Angel de la Fuente, con el propósito
de dejar constituida una Comisión que se encargue de velar por la conservación,
embellecimiento y mejoramiento de la península, predio municipal conocido con el
nombre de "la isla".
Se acuerda luego de un amplio cambio de ideas que, la Comisión a constituirse
tendrá carácter permanente, actuará siempre integrada, prescindiendo de los
cambios políticos que las elecciones periódicas puedan producir en la integración
de los organismos comunales, que en cuanto sea posible desempeñará sus cometidos
con independencia de la Comuna, aunque ofreciendo siempre a ésta su más decidida
colaboración.
Los cargos fueron distribuidos de la siguiente forma: Ing. Agr. Don Tomás
Guarino, Secretario: Esc. Juan Angel de la Fuente, Pro. Secretario.: Don Jhon Breeze,
Tesorero: Don Mario V. Moller, Vocales: Dr. Werner Liesegang y don Eduardo
Mario Cardozo.
Los primeros pasos emprendidos por esta Comisión consistieron en abrir
caminos, desmontar, limpiar y realizar plantaciones con la finalidad de arbolar
las avenidas. Siempre se ha trabajado con la colaboración del personal de
la Junta ya que es miembro nato de esta Comisión, un integrante de la Comuna.
Se le fue agregando poco a poco y con denodado esfuerzo, los detalles que han
ido complementando la belleza natural de la península. Se han plantado
diversidad de especies arbóreas, se han construido vestuarios, baños; se han
instalado mesas y bancos cuidando que se encuentres sombreados; se permitió la
instalación del Club Náutico cuando no tenía sede; se instaló el Kiosco "Tacuabé"
que periódicamente se arrienda para su explotación, etc.
Al principio la instalación de la luz fue muy rudimentaria, llevando
los cables por entre los árboles. Pero posteriormente se realizó una
adecuada instalación y el domingo 23 de marzo de 1958 en sensacional festival
organizado por la Comisión se procedió a la inauguración del alumbrado
eléctrico. En esta oportunidad, la fiesta se organizó en su escenario
natural pudiendo disfrutarse de pruebas deportivas, actos recreativos, paseos en
lancha y gran baile. De esta manera se veía plasmada una de las más caras
aspiraciones de esta Comisión.
El 17 de noviembre de 1974 se inauguró
el monumento al indio Tabaré, obra del
escultor Juan Ulrico Habegger Balparda, idea concebida y llevada a cabo por la
Sociedad Criolla "Tabaré" de nuestra ciudad y que contribuye a embellecer
nuestro hermoso paseo sobre el San Salvador.
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Todos estos cambios
que se fueron realizando a lo largo del tiempo llevaron a que la Península luzca
hoy en todo su esplendor; con sus paseos, su Rambla de acceso; la Plazoleta
Garibaldi, que le da una hermosa apertura, y sobre todo la sensación de paz y serenidad que la envuelve.
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Fotos: Gentileza de Heber
Fotos
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