Dolores, 24 de octubre de 2006

 

 

 
   Notas

                                 

Importancia del relax 

La ansiedad y la prisa son dos plagas de nuestra época.

Si son pasajeras, resultan bien toleradas, pero cuando se hacen permanentes deterioran el organismo y provocan “estrés”, con problemas de salud a veces muy graves: aumento de la presión arterial, palpitaciones, deterioro de articulaciones, huesos, músculos y liberación de  sustancias químicas que favorecen la arteriosclerosis y el cáncer.

Nuestro cuerpo necesita alternar los momentos de ansiedad y angustia, con otros de calma y paz; estos cambios están gobernados por dos partes de nuestro sistema nervioso que escapan al control de la voluntad: son el simpático y el parasimpático.

El simpático se pone en tensión cuando hay un peligro en nuestro ambiente o un problema en nuestro interior y responde con una “reacción de alarma” que nos prepara para la lucha o para la fuga, mejorando la llegada de oxígeno a los músculos y al cerebro.

En cambio el parasimpático predomina en los momentos de tranquilidad y calma: controla las funciones nutritivas del aparato digestivo, la circulación de la sangre, la eliminación de residuos dañinos por el aparato urinario, en suma, todas las actividades de mantenimiento del organismo y conservación de la vida. Esos sistemas necesitan alternar su actividad, para que nuestro cuerpo pueda funcionar de manera óptima.

Pero si la ansiedad y el nerviosismo son permanentes, estamos siempre en estado de alerta con el simpático en tensión y no le damos al parasimpático la calma necesaria para cumplir sus funciones.

 

¿Cuál puede ser la solución?

Aprender voluntariamente a aflojar las tensiones, a relajarse.

Hay muchas maneras de hacerlo:

v     Acostarse en un lugar cómodo y aflojar todo el cuerpo.

v     Escuchar música.

v     Contemplar un paisaje agradable.

v     Darse un baño tibio.

v     Disfrutar una caminata a paso cómodo.

v     Contemplar una puesta de sol.

Y mil formas más, diferentes según las personas.

Lo importante es hacerlo todos los días y sobre todo, disfrutarlo.

Hace años que existe reconocimiento a nivel mundial de la necesidad del relax, hay cursos especiales para docentes, que a su vez enseñan a sus alumnos; las clases de yoga se multiplican y son cada vez más concurridas. Todo esto funciona y funciona bien.

Pero no alcanza, tenemos que aprenderlo y sobre todo practicarlo, todos los que vivimos esclavos de la prisa o de la angustia, para que nuestro organismo pueda mantenerse en condiciones óptimas, el mayor tiempo posible.

La vida es la aventura más maravillosa, disfrutémosla.  

Dra. Diana Acle de Pérez

 

 

 

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